Anoche cuando llegué a casa, bastante cansada (aprovecho para decirlo y quejarme un poco, que es bastante terapéutico), mientras saboreaba una de esas cenas de guarrería que tanto me gustan a mí y que tan poco recomiendan los de la vida sana, tenía como run run de fondo, y mientras hacía tiempo para que comenzase la serie de la fea, las noticias, por aquello de enterarme un poco de lo que había ocurrido en el mundo con una visión más amplia que la del simpático camarero que me pone el café todos los días y me hace un repaso rápido de la actualidad. Y ahí, entre la pírrica aprobación de lestatut y el dinero del terrorismo para que el heróico otegi salga de la cárcel, estaba LA NOTICIA: la publicidad ha carecido, una vez más, de la consideración necesaria para dirigirse a una sociedad democrática y madura a la par que sensible, y ha vuelto a herir a un colectivo. Esta vez la chispa de la vida casi provoca un incendio por su falta de tacto (o tal vez de gusto), y si no hemos asistido a manifestaciones y concentraciones de los agraviados ha sido porque los pobres saben que durarían poquísimo recorriendo esas carreteras de Dios, con la de hambre que hay en el mundo.
Si yo hiciese un esfuerzo seguro que lograría entender lo triste que es ser centollo y que te confundan con un buey de mar o viceversa, pero los viernes no son mi día más comprensivo así que entenderlo no lo entiendo; sin embargo, viendo la sociedad de apoyos mutuos que se ha montado, me siento tentada de apoyar yo misma un poco, aunque me resulta más sencillo apoyar a un buey de mar que a un centollo, a un bogavante o a una langosta, básicamente porque los tres últimos prefiero recibirlos en mi estómago y sin el buey de mar puedo pasar perfectamente. También paso de las ostras desde que una vez me sentó mal una y me pasé un mes alimentándome de puré de patata y leche y té con galletas… eso sí, tenía que pasar dos veces para que me viesen. Como digo, me cuesta lo de solidarizarme con el centollo básicamente porque el cansancio me quita el buen humor, pero afortunadamente las ejemplares Corporaciones Locales velan por el bienestar de los ciudadanos (algunas todavía no son ejemplares, claro), y con esa rapidez de reflejos que uno tanto admira cuando, por ejemplo, tienen que devolver una cantidad cobrada indebidamente o solucionar un problema de aparcamiento, un Ayuntamiento especialmente afectado por la infame confusión se ha dirigido a la empresa anunciante, que como es una multinacional seguro que está acostumbrada a pisar evitando callos ajenos y lleva en su equipaje papelitos como para liar millones de porros.
Yo anoche sólo podía pensar que los animales es un tema delicado, y que además es una auténtica pena que los crustáceos (stricto sensu) no tengan blog, porque si el centollo además de sensibilidad a raudales hubiera tenido uno hubiera podido contestar a Cocacola como se merece, y dedicarle varios sutiles y brillantes post entre los aplausos de los ediles que, como un ojo gigante (y no diré qué tipo de ojo) velan por su honor (el del centollo, claro). Aunque declaren que ellos nunca ven esas cosas.