Archivo de Mayo de 2006

Los extremos

Se toquen o no, son poco refinados.
Es extraño que sea yo, que adoro o aborrezco, quien diga esto, pero acabo de comprobar que las manifestaciones extremas, de dolor, felicidad, ignorancia o lo que sea, indisponen mi ánimo y sacan lo peor de mí. Cuando son ajenas, quiero decir.
Bueno, en realidad no acabo de comprobarlo, lo sé desde el viernes por la noche cuando, recién llegada a casa, me senté para esperar que pusieran la serie de psicópatas y asesinos tarados variados que echan en la cadena del Prestige. Como antes de eso emiten el programa de los mártires de la democracia a quienes llevaron a comer a punta de pistola o casi a la Moncloa en tiempos del Segundo Innombrable, y a mí maldita la gracia que me hacen, dejé quietecito el mando y seguí viendo Antena 3 que estaba emitiendo sus noticias desde Valladolid (aquí página del Ayuntamiento de Valladolid sobre Colón y el centenario, que para verla obliga a permitir ventanas emergentes, típica cagadita molesta e inexplicable) porque ayer se conmemoraba el 500 aniversario de la muerte de Cristóbal Colón (que por cierto, la aventura de América se hizo con fondos de Castilla, para los que no lo recuerdan y para los que lo ignoran desde siempre). Si me hubiera enterado antes hubiese sido un buen momento para acercarme a San Pablo con una pancarta que dijese «el balonmano existe aunque no gane el Barcelona», pero perdí la ocasión, y a fin de cuentas tampoco la hubiese leído el colega de los deportes si no incluyo la palabra fútbol en ella…
El caso es que luego empezó un programa de «quién quiere ser millonario» o como se llame ahora, cuyo presentador cada vez se parece más al que le imita en Homo Zapping, que es el que sale en lo de Buenafuente representando el humor no inteligente, quizá porque no es catalán (o no lo parece). Los concursantes eran todos parejas de recién casados en la modalidad tradicional, o sea, que el cónyuge A (nótese que entre la g y la e no hay ninguna u, al que lea “cónyugue” lo mando a galeras) y el cónyuge B tenían sexo diferente entre ellos. Yo vi dos parejas, y parecía que la selección la hubiera hecho un aquilino, escogiendo sólo aquellas en las que el cónyuge femenino miraba cual cordero degollado al masculino, resaltando su virilidad (de él), y subrayaba cada gracia del macho con una risilla idiota de esas que proclama «qué tontita tan encantadora soy» O sea, que visto desde fuera el plató parecía un avión con destino a Punta Cana; desde dentro seguramente no parecía nada, porque el almíbar ciega los ojos. Había incluso una suegra entre el público (o más, dejé de verlo pronto), tan feliz con la parejita que por un momento daba ganas de casarse, poner una lista de bodas tipo zen llena de budas de metro y medio y entrar en el nirvana, y al momento siguiente de abofetearlos a todos, una vez pasada la enajenación mental transitoria. Un ambiente incómodo, vaya, aunque para ellos seguramente no porque están en su nube rosa y azucarada, pero sí para mí que miraba hipnotizada por culpa de este lado perverso mío. Pero lo peor llegó cuando después de contestar preguntas sonrojantes de fáciles, tipo ¿con qué deporte se asocia a los Beach Boys? o ¿qué pareja famosa posó desnuda en la cama de un hotel?, empezaron con la «parte complicada» porque ya habían alcanzado una cantidad importante de euros, y plantearon la siguiente, más o menos: ¿qué dijo Poncio Pilatos a la multitud cuando presentó a Jesús de Nazaret? Vale, como no somos un país católico, y sólo hay una Semana Santa al año, y encima en algunos sitios parece que sólo se trata de sacar a la Virgen correspondiente, puede resultar difícil saberlo así, de repente. Como no quieren hacer un programa imposible (supongo), pues dan cuatro respuestas posibles a cada pregunta planteada, y en este caso eran: ecce homo, vade retro, carpe diem y agnus dei. Yo pensaba que ahí la pareja lo tendría sencillo, porque entre los dos es fácil que, si no lo saben de otra cosa, alguno hubiera visto «el club de los poetas muertos», que tenían toda la pinta de ir al video club en chándal, y no sólo de porno vive el hombre (cuando hombre quiere decir humano e incluye también a la mujer); y que el otro haya rellenado algún crucigrama en su vida y sepa lo de «vade retro, Satanás», aunque piense que tibi dabo es catalán de toda la vida de Dios; entre ambos ¿cuántas neuronas reunirán dos cerebros? podían haber llegado a pensar que agnus dei era año del Señor, que hasta cordero el camino es más complicado, pero lo importante era descartarlo…, incluso alguno de ellos podía haber recordado la expresión «estar hecho un ecce homo», frase que yo pensaba que era muy gráfica, pero visto lo visto, no. O sea, que a ellos les sonaba todo a chino, que es como nos suena ya cualquier cosa de latín en España, que hasta las profesoras de constitucional venidas a más confunden dixit con un ratoncito. Y por edad, ni siquiera serían de la LOGSE.

V. El algodón de feria

Tal vez ahora sería el momento de detenerme en la enumeración de los rincones del país que incluyen las guías de turismo, y embellecerlos con unas pinceladas de tipismo y lirismo, demostrando de esa forma que el dinero empleado en las excursiones organizadas por los dinámicos animadores del hotel me había cundido como a una auténtica turista, o, apartándome de las guías al uso, haber recorrido ignotos lugares para mostrar al mundo los rincones que sólo descubren los auténticos viajeros, como si yo fuese un orgulloso inglés de esos que recorren el planeta enseñando a los lugareños lo valioso de su paisaje y sus paisanos, aunque sin integrarse, o haciéndolo con lamentables resultados, pero como no soy súbdita de su graciosa majestad sino de su católica majestad, no me saldría igual de bien. Sé además que si no todos, muchos de los que leen estarán deseando saber cuándo se cruzaron por primera vez nuestras miradas (vale, sí, es un modo poético y tal vez cursi de aludir a lo que alguno quiere leer). La verdad es que no lo sé. Decepcionará, pero lo malo de la vida es que no tiene un buen guión que marque los momentos cumbre, ni siquiera una banda sonora que acompañe a los clímax, y esa falta de dirección artística hace que por ejemplo un clímax pueda ocurrir mientras está sonando Il Divo, o las Ketchup, o vaya usted a imaginar qué otra aberración acústica, y en ese caso es mucho mejor olvidar las circunstancias en las que sucedió y recordar tan solo que sucedió.
No sé, por tanto, exactamente qué día fue, aunque luego elegí una fecha para los aniversarios, ni si era de día o de noche, porque cuando ocurre, cuando descubro que alguien que me gusta me ha elegido, si lo de alrededor no se borra (que no lo hace, porque ya hemos concluido que el mundo no es perfecto, salvo en las series de Milikito) lo ignoro por las buenas. Tampoco sé de qué hablábamos, porque lo malo de hacerme esperar es que yo sigo la conversación aparentemente atenta, incluso contesto con coherencia (o no, y lo atribuyen al ingenio), pero casi toda mi mente sigue el movimiento de los labios no precisamente para absorber las palabras, y sólo es capaz de un pensamiento: «¿cuándo?» A veces soy más variada y pienso: «a ver cuándo se calla y me besa», porque en mi intimidad no me importa tanto ser tan obvia. Sin embargo ellos suelen interpretar mi expresión (que yo imagino mixta entre el ansia y la lujuria, pero igual no) como un signo de inteligencia: mía por escucharles y suya por las cosas tan interesantes que dicen, así que se crecen (en un sentido inesperado, y desde luego decepcionante para mí) y se recrean en la faena (o fastidio).
Así, él hablaba y hablaba, quizá de los lugares que podríamos visitar, o de la última tontería de un político conocido por ambos, o del sabor del clavo (especia) en los dulces, pero sólo recuerdo que por fin tendió una mano y que inmediatamente puse la mía encima para que comenzase a acariciarme mientras me atraía hacia sus labios que, de repente, tenían el tamaño perfecto para que cupiesen los míos en ellos y sobrasen las palabras.
muacks

Meme-encadenado 2

La idea consiste en que alguien, en este caso yo, empieza una historia inacabada, una vez hecho esto yo le endoso la siguiente entrega a otra persona para que continúe la historia y así sucesivamente. Sería una historia encadenada pero con el funcionamiento de un meme.

Para que no se pierda el hilo de la historia, es necesario que el que escribe una historia, ponga en el post un enlace de la entrega anterior y otro donde continúa, así, alguien que no sepa de qué va la historia puede ponerse al día y si se anima participar.
Ararat dixit

Lee el principio de este relato aquí

Vale, las salpicaduras habían echado a perder todo el cuidado que había puesto al vestirme, pero tampoco era como para salir huyendo calle arriba como hizo la mujer espantada. El caso es que su cara me sonaba de algo, pero no lograba localizar de qué exactamente, lo cual me empezaba a trastornar un poco. La gente (el resto, quiero decir) está muy tarada, pensé mientras caminaba cuidadosamente, evitando pisar las líneas de unión de las baldosas, aunque eso era mucho más sencillo hacerlo en días secos, porque ahora me tocaba evitar transeuntes tan poco despiertos como yo y además sus paraguas manejados, de forma inconsciente pero increíblemente certera, como armas. Mi ágil mente encontró un remedio inmediato: tomar el autobús. Es decir, subirme a él, no hacer la de la Bastilla. Habitualmente no lo hacía (ni lo del autobús ni la revolución, el francés a veces), pero la lluvia, los paraguas, y las miradas que la gente echaba a mi ropa salpicada, me obligaron. Además, con el calorcillo humano del transporte público se secaría todo más rápidamente, y yo tenía idea de haber leído en algún sitio que el barro seco se limpiaba mejor. La pulcritud en cualquier circunstancia era una de mis virtudes, y sólo lamentaba que los autobuses, además de ser escasos en asientos y olorosos en esencia, no tuviesen unos lavabos para descender impecable en mi parada.
Todo este ajetreo me había despistado un poco de mi preocupación principal, pero enseguida me centré de nuevo y volví a darle vueltas: luego, cuando entrase en mi despacho, tras saludar a todo el mundo en la oficina ¿me encerraría pretextando una conferencia y abriría el baúl que tanto me costo cerrar y rematar con clavos? Lo de costó me resultaba especialmente doloroso, porque hay que ver lo que te cobran por alquilar un chismecito de esos que exhibe el de la camisa de leñador del bricomanía, y lo que cuesta que los clavos entren rectos y no se distribuyan a su aire, como siguiendo las indicaciones de un artista conceptual…

Si Buch quiere, la historia continúa…
P.D.: Buch ha querido, así que sigue leyendo aquí. Y ha sido niña.

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