Los extremos
Se toquen o no, son poco refinados.
Es extraño que sea yo, que adoro o aborrezco, quien diga esto, pero acabo de comprobar que las manifestaciones extremas, de dolor, felicidad, ignorancia o lo que sea, indisponen mi ánimo y sacan lo peor de mí. Cuando son ajenas, quiero decir.
Bueno, en realidad no acabo de comprobarlo, lo sé desde el viernes por la noche cuando, recién llegada a casa, me senté para esperar que pusieran la serie de psicópatas y asesinos tarados variados que echan en la cadena del Prestige. Como antes de eso emiten el programa de los mártires de la democracia a quienes llevaron a comer a punta de pistola o casi a la Moncloa en tiempos del Segundo Innombrable, y a mí maldita la gracia que me hacen, dejé quietecito el mando y seguí viendo Antena 3 que estaba emitiendo sus noticias desde Valladolid (aquí página del Ayuntamiento de Valladolid sobre Colón y el centenario, que para verla obliga a permitir ventanas emergentes, típica cagadita molesta e inexplicable) porque ayer se conmemoraba el 500 aniversario de la muerte de Cristóbal Colón (que por cierto, la aventura de América se hizo con fondos de Castilla, para los que no lo recuerdan y para los que lo ignoran desde siempre). Si me hubiera enterado antes hubiese sido un buen momento para acercarme a San Pablo con una pancarta que dijese «el balonmano existe aunque no gane el Barcelona», pero perdí la ocasión, y a fin de cuentas tampoco la hubiese leído el colega de los deportes si no incluyo la palabra fútbol en ella…
El caso es que luego empezó un programa de «quién quiere ser millonario» o como se llame ahora, cuyo presentador cada vez se parece más al que le imita en Homo Zapping, que es el que sale en lo de Buenafuente representando el humor no inteligente, quizá porque no es catalán (o no lo parece). Los concursantes eran todos parejas de recién casados en la modalidad tradicional, o sea, que el cónyuge A (nótese que entre la g y la e no hay ninguna u, al que lea “cónyugue” lo mando a galeras) y el cónyuge B tenían sexo diferente entre ellos. Yo vi dos parejas, y parecía que la selección la hubiera hecho un aquilino, escogiendo sólo aquellas en las que el cónyuge femenino miraba cual cordero degollado al masculino, resaltando su virilidad (de él), y subrayaba cada gracia del macho con una risilla idiota de esas que proclama «qué tontita tan encantadora soy» O sea, que visto desde fuera el plató parecía un avión con destino a Punta Cana; desde dentro seguramente no parecía nada, porque el almíbar ciega los ojos. Había incluso una suegra entre el público (o más, dejé de verlo pronto), tan feliz con la parejita que por un momento daba ganas de casarse, poner una lista de bodas tipo zen llena de budas de metro y medio y entrar en el nirvana, y al momento siguiente de abofetearlos a todos, una vez pasada la enajenación mental transitoria. Un ambiente incómodo, vaya, aunque para ellos seguramente no porque están en su nube rosa y azucarada, pero sí para mí que miraba hipnotizada por culpa de este lado perverso mío. Pero lo peor llegó cuando después de contestar preguntas sonrojantes de fáciles, tipo ¿con qué deporte se asocia a los Beach Boys? o ¿qué pareja famosa posó desnuda en la cama de un hotel?, empezaron con la «parte complicada» porque ya habían alcanzado una cantidad importante de euros, y plantearon la siguiente, más o menos: ¿qué dijo Poncio Pilatos a la multitud cuando presentó a Jesús de Nazaret? Vale, como no somos un país católico, y sólo hay una Semana Santa al año, y encima en algunos sitios parece que sólo se trata de sacar a la Virgen correspondiente, puede resultar difícil saberlo así, de repente. Como no quieren hacer un programa imposible (supongo), pues dan cuatro respuestas posibles a cada pregunta planteada, y en este caso eran: ecce homo, vade retro, carpe diem y agnus dei. Yo pensaba que ahí la pareja lo tendría sencillo, porque entre los dos es fácil que, si no lo saben de otra cosa, alguno hubiera visto «el club de los poetas muertos», que tenían toda la pinta de ir al video club en chándal, y no sólo de porno vive el hombre (cuando hombre quiere decir humano e incluye también a la mujer); y que el otro haya rellenado algún crucigrama en su vida y sepa lo de «vade retro, Satanás», aunque piense que tibi dabo es catalán de toda la vida de Dios; entre ambos ¿cuántas neuronas reunirán dos cerebros? podían haber llegado a pensar que agnus dei era año del Señor, que hasta cordero el camino es más complicado, pero lo importante era descartarlo…, incluso alguno de ellos podía haber recordado la expresión «estar hecho un ecce homo», frase que yo pensaba que era muy gráfica, pero visto lo visto, no. O sea, que a ellos les sonaba todo a chino, que es como nos suena ya cualquier cosa de latín en España, que hasta las profesoras de constitucional venidas a más confunden dixit con un ratoncito. Y por edad, ni siquiera serían de la LOGSE.









