(de) traca
Llevo mucho tiempo sin escribir (en público, lo que es en el trabajo me estoy hartando a escribir, o más bien a redactar), pero lo que sà hago es leer, y veo los tiempos revueltos. No sé si será mi mala uva innata (y cultivada, no de todo tienen la culpa los genes puñeteros que me tocaron en suerte), o lo cerca que veo las vacaciones (ahÃ, al final de esta semana mismo) y el optimismo que acompaña las ensoñaciones, que más que ponerme de mal humor he encontrado un entretenimiento inesperado en leer cualquier crÃtica hacia los actos (asÃ, actos genéricamente, llamarlo polÃtica serÃa ennoblecer comportamientos que siendo generoso pueden parecer premeditados, pero sospecho que ni siquiera) de este gobierno que padecemos (los que lo padecemos, claro, que como hay de todo, los habrá encantados y quizá no todos se repartan entre los trabajadores de la ser y del paÃs y sus honorables familiares). El entretenimiento es empezar la cuenta atrás, y antes de llegar al lanzamiento (tres, dos, uno… ¡fuego!), ya ha aparecido invariablemente el progre de guardia con la justificación mágica: «la culpa la tiene Aznar». Para los flacos de memoria (y puede haberlos, como casi no se habla del personaje… ) recordaré que Aznar fue presidente del Gobierno aquÃ, en España, entre el 96 y el 2004, justo esos años que no constituyen pasado cuando se recuerdan y que van inmediatamente después de la guerra civil y el franquismo, que tampoco constituyen pasado sino memoria histórica siempre que nos centremos donde debemos centrarnos, y ni se nos ocurra hablar del asesinato de Calvo Sotelo porque entonces caemos en la zona de los fachas si no nos damos cuenta de que el tÃo merecÃa las balas que le metieron los guardias de asalto por como pensaba (Sic no me dejará mentir, prometo que lo he leÃdo estos dÃas escrito en un a modo de foro por un presunto humano presuntamente demócrata y presuntamente de izquierdas, c’est à dire, de lo que alguien criado desde el 82 en España puede pensar que son las izquierdas; presuntamente además no habÃa aprobado la EGB o similar por cómo se expresaba, o sea, que o era muy joven o era de los que piensan _perdón por la exageración_ que si uno se fija en la ortografÃa se desliza peligrosamente hacia el contubernio judeoderechizante, koño, haber si uno no puede escribir komo kiera enberde komo manda la hortografia, ay ke romper las reglas).
Pero estoy simplificando, porque cuando el progre de guardia se pone ingenioso a veces cambia «la tiene» por «es» y si se decide a dar el do de pecho lo que hace es decir «Ansar» (versión progre jipipijo) o «el del bigote» (versión del que vivió su infancia rodeado de adultos que distinguÃan la ideologÃa ajena o definÃan la propia en función de la longitud del pelo de las caras y de las cabezas, que está muy bien, porque van cumpliendo años y la longitud va disimulando la escasez, de ideas y de pelo).
Por tanto, me rÃo mucho aunque sea por no llorar; si fuese buena me darÃa pena la estupidez que leo, pero ya tengo claro que no lo soy; y si fuese hipócrita fingirÃa encontrar a todo el mundo inteligente, pero no veo porqué podemos decir de alguien que es feo objetivamente hablando y no podemos decir que es idiota, si muchas veces es más evidente la idiotez que la fealdad. Y tampoco encuentro consuelo en los idiotas bienintencionados, porque total, ¿me puede explicar alguien por qué es mejor que el presidente RodrÃguez haga esto por imbecilidad (descuido, falta de visión, pachamplismo, vale, igual imbecilidad es fuerte, aunque es más ajustado a lo que pienso) que por maldad? En lo único que estoy de acuerdo con el sector vociferante es en que el muchacho no es antisemita; ser antialgo implica más actividad mental de la que acredita habitualmente. He dicho.










