Entradas archivadas en Marzo dEurope/Berlin 2007

Jueves, 22 de Marzo de 2007

Hace unos días, o semanas, mientras asistía a la polémica entre unos diseñadores y uno de los organismos tutelares que nos ha endosado nuestra democracia paritaria, pensaba en lo poco que me molestaban a mí las fotos esas con su puntito bdsm; desde luego lo que me hubiera molestado es estar en esa situación, pero como no me imagino en ella, básicamente me dan exactamente igual. En el fondo lo que más me ha molestado de toda la historia es la sensación de que mucho avance, mucho avance, pero hemos pasado de la tutela del padre o del marido a la tutela de las ista, ista, ista, España feminista, que consideran formada cualquier mente con una sola condición: que el ciudadano o ciudadana piense igual que ellas o ellos, y se olvide de la gramática castellana, esa cosa tan rancia y centralista.
Pero entiendo que una foto pueda molestar, sobre todo si está puesta en un sitio donde no puedes dejar de verla, porque eso me lleva pasando a mí todo el mes de marzo: tengo un calendario frente a mi mesa, de esos que te regala la mutua y viene bien porque ocupan el hueco justo, tiene los números suficientemente grandes como para contar plazos sin dejarte los ojos y todas esas numerosas ventajas que se supone que tendrán los calendarios. Tiene también una foto diferente para cada mes, el año pasado yo creo que era como concienciador de la igualdad en los oficios, pero este año, bajo el ocurrente lema de «ex-Fúmate», supongo que lo que intentan es que los humanos que aún fumamos dejemos de hacerlo. Hasta ahora no me había molestado, porque el lema va en pequeñito y mi torreta de expedientes está hábilmente colocada entre mis ojos y la frase, y como ilustraciones de enero y febrero habían puesto de foto a una como en trance, en plan «relájate», y a otro (el calendario es paritario, desde luego) con un teléfono ilustración de «pide ayuda». Claro, yo viendo la foto de la del relájate pensaba más bien en una flipada en pleno viaje, y el del teléfono parecía que acababa de colgar tras fijar una cita con su amante, o sea que muy efectivos no están siendo, pero al menos no molestaban. Lo malo ha llegado con marzo, que encima es un mes muy largo y sin fiestas (aunque a mí me guste el mes, eso no tiene nada que ver). Tenía que llegar y ha llegado:

Ahí está, la foto de la preñada (si fuese amiga mía diría embarazada, pero no la conozco de nada), con su tripita al aire y el feto haciéndose sitio, empujando el ombligo para fuera. Ya sé que tendría que pensar en la dulce espera y todo eso, pero me resultaría más fácil hacerlo si la foto hubiera sido un poco más púdica, porque así, a punto de reventar, lo que me da es repelús. Y a pesar de la cara de complacida que tiene, yo sé muy bien (porque me lo ha contado alguien de quien me fío) que las náuseas existen. También sé que esto que he venido pensando y hoy escribo aquí resulta muy poco femenino y nada políticoestéticamente correcto, y por eso había pensado yo titular el post con algo así como «poseída por el espíritu de un camionero». He desistido de hacerlo por varios motivos, a saber: seguro que los camioneros en general no responden al tópico y son gentes mucho más refinadas de lo que el imaginario popular (y yo misma, cuando me fastidian en la carretera) les atribuye, desde luego capaces de enternecerse mirando a la embarazada del calendario y sin pensar en guerras de globos; y también porque no quiero que la gente llegue hasta esta bitácora pensando que va a encontrarse relatos excitantes ni nada por el estilo.
Veintidós días llevo rogando encarecidamente (y no miro por no desvelarme la sorpresa) que en abril no quieran concienciarme de lo malo que es el humo para las mascotas y me plantifiquen un dulce gatito.

Miércoles, 14 de Marzo de 2007

Todo el que me conoce un poco sabe de mi poca afición a los musicales. Más que poca, nula. Cada uno tiene sus manías y entre las mías, además de los niños cantores que parece que se han tragado a una vieja, tipo Joselito, Marisol, Melodi y Maríaisabel, entre cientos de miles más frutos todos ellos de padres con delirios, están esas obras en las que uno es feliz y canta, sufre y canta, le persiguen los nazis y canta, le mandan recoger la habitación y canta. Yo he sido niña y sé lo mucho que fastidiaba que al final de un rato de juego y esparcimiento llegase mamá en plan aguafiestas: no sólo tienes que dejar de jugar sino que además tienes que perder un buen rato devolviendo todos los juguetes a su sitio, todas las piezas a su caja, aunque con buen criterio las hayas ido dejando en sitios donde no molestan, sitios donde sólo pueden estorbarle a una madre. O sea, que los musicales me parecen extremadamente irreales y no logro encontrarles el gusto (excepto, quizá, a Grease, la película, de la que todos los años de un modo u otro veo algún trozo si es que no cae entera; una perversión como otra cualquiera, pero es difícil prescindir de las cosas que nos recuerdan el colegio y los recreos)
Hoy sin embargo, cuando me dirigía a coger el coche para venir al despacho, me he dado cuenta de que tal vez los musicales no son estrictamente el fruto de mentes demasiado imaginativas, porque me he cruzado con un humano de alrededor de cuarenta años (con un margen de error de más menos veinte, ya sabéis que no calculo; tendría que haber puesto de mediana edad, pero no me da la gana llamar mediana edad a los de cuarenta, la mediana edad la voy a subir a los sesenta por decreto, en mi caso real decreto) que en lugar de caminar iba haciendo cosas raras con sus pies y el bordillo de la acera, una especie de Gene Kelly de la meseta (seco, por tanto) cruzado con una marioneta de cuerda, haciendo cruces de piececitos y subidas y bajadas del bordillo. Daban ganas de cantar para acompañarle, pero no lo he hecho por si era una cámara oculta o estaban los de la camisa de fuerza al acecho. Alguien con más sensibilidad artística que yo podría decir si el hombre estaba un poco tocado, extremadamente alegre, le había caído encima del cogote una colilla de un fumador marginado en su propia casa, o es sólo un efecto del clima y van a tener razón los ecologistas. Fuese lo que fuese, a mí me ha puesto de buen humor.
ainsinguin

Viernes, 9 de Marzo de 2007

A veces nos escudamos en la falta de tiempo para disculpar la desgana, la pereza (sí, éste también me adorna, yo creo que en general tengo cuatro de siete). Creo que era Santo Tomás el que decía que al pecado de pereza se le vencía con la virtud de la diligencia, pero me parece a mí que con la saturación de despropósitos también. O sea, que te van pinchando, te van pinchando, y al final saltas, si no es con el docto Pepiño en plan agente editorial del malnacido, es con Rodríguez haciendo una demostración de que el talante en él es tan de boquilla como en el que más, o que se le ha gastado todo con los terroristas que provocan accidentes, que también puede ser, o con las mil cosas que vienen pasando desde que el PSOE ganó las elecciones en 2004 sin hacer ningún uso electoral del terrorismo (faltaría más) pero que no deben de ser tan graves porque los que antes se despertaban con el quejío en la boca (y en el blog, y en los foros, y en… ) están ahora tan calladitos y felices que una no puede por menos que pensar que han sido agraciados con una subvención o con un puestecillo de funcionario, como mínimo.
En fin, que dispuesta como estoy a vencer a la pereza, hoy me he despertado (sin dar un salto mortal, yo hago un salto sencillito cuando suena el maldito despertador) y me he vestido (no soy una cochina, acabo de hacer una elipsis temporal, lo que va entre levantarme y vestirme os lo imagináis, que es lo que suele hacer todo el mundo) con ropa y calzado cómodos, dispuesta a concentrarme por tercera vez en mi vida esta tarde, cuando termine de trabajar. Porque si no es cuando ponen en la calle por una decisión política a un sujeto que más que en huelga de hambre estaba en dieta del cucurucho ¿cuándo hay motivo, eh?
no al terrorismo


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