Una imagen, mil palabras, varios tontos… el caso es contar
Aunque a mà a veces también me gustan y me hacen gracia algunas viñetas de las que se publican en la prensa diaria, tengo la sensación de que su éxito y proliferación se debe más bien que a su calidad, diversa y variable, al poco esfuerzo que requiere verlas y entenderlas. Porque poquÃsimas (considerando todas las que se pueden ver) me parecen ingeniosas, normalmente me dan la sensación de faena de aliño para jalear al convencido, y éste a su vez se ahorra un montón de letras quedándose con el dibujito que le marca el tema diario para el café con los colegas, repitiéndose mentalmente que «una imagen vale más que mil palabras». Admito que en algunos casos es cierto.
Supongo que el Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Jesús Caldera Sánchez-Capitán (que sÃ, sigue vivo aunque robasen los papeles de Salamanca por encima de su cadáver, y sigue siendo ministro) tiene bien presente el entrecomillado, y para ilustrar que el Parlamento ha aprobado cuatro meses después la ocurrencia de una noche de verano de su señorito, ha aparecido en una rueda de prensa rodeado de padres con los frutos de sus noches, tardes, mañanas o apretones entre horas, de verano o de cualquier estación del año (o de tren, sobre todo si el tren es catalán).

Viendo al cadáver (que no tiene tan mal aspecto para cadáver, es verdad) asà rodeado, he lamentado que no estemos más cerca de Navidad, con lo bonito que hubiera quedado un Belén viviente, y laico, por supuesto, aprovechando la reunión de meoncetes. Aunque como la imagen del beatÃfico ministro la he visto durante el desayuno, también me ha alegrado indescriptiblemente que él y sus escenógrafos no hayan tenido que ilustrar otro tipo de campaña, como alguna de uso de preservativos; hace un tiempo, hubiera apostado porque la escena hubiese estado llena de camas de matrimonio y parejitas echando el cigarrito de después, pero ahora que no se puede fumar en sitios públicos, no quiero ni imaginar qué hubieran tenido que echar las parejitas para ser gráficas a la par que polÃticamente correctas. Y mucho menos que a las parejitas quiero imaginar la carita complacida de Caldera en medio. Mi moral y mi sentido estético, burgueses ambos, me lo impiden.









