Archivo del 15 de Noviembre de 2007
Mejor en póster
La crispación de la que «disfrutamos» en Expaña (© Yambra) me ha llevado en los últimos meses a no ver ni durante la comida ni, mucho menos, durante la digestión, telediario alguno, porque en cuanto te descuidas sale Blanco diciendo tontunas en mal tono y peor pronunciación, o cualquier otro a contestarlas, y adiós paz (que ésta sí, ésta lleva zeta al final aunque no salga tras el púlpito).
Buscando una alternativa que pusiera runrún de fondo a la siesta antes de la vuelta al trabajo, y descartando ver «Friends» por enésima vez porque no tengo intención de ser la que mejor se sepa los diálogos, ni quiero salir en el libro guiness de los tontos, recalé en la sexta (hay que ver lo listos y ocurrentes que son los que bautizan las cadenas de televisión, todos sin excepción) y he terminado viendo un programa que se llama «sé lo que hicisteis…» Con la parte que veía de él, la que hace Ángel Martín, me lo pasaba bien, aunque tampoco como para considerarlo el «programa de culto» en el que van a terminar convirtiéndolo, porque en realidad me parece a mí que sacar punta a la prensa rosa y a los programas del corazón, que son un vivero de iletrados atrevidos, tampoco es tan difícil, y aunque va envuelto en ropaje transgresor, sólo transgrede hasta la línea de lo políticamente correcto; o sea, que en cuanto se salen del corazón y similares, se meten con aquellos para los que existe carta blanca, y respetan a los intocables. Pero ahora veo esta parte del programa con la angustia de que luego viene uno que es nuevo, y sufro. Sufro porque es guapo, incluso muy guapo, (de los de verdad, no como Bardem, aunque salga en listas de los diabólicos Estados Unidos) y tiene una voz varonil, profunda, estupenda, aunque quizá pelín impostada, pero cada vez que abre la boca no puedo dejar de pensar que estaría mucho mejor si los guionistas (pongo la ese porque soy generosa), para sacarle todo el partido posible, le obligasen durante los diez minutos que tiene que hablar a levantar la ceja y repetir «bésame, muñeca». Ad líbitum. Ad aeternam.
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