Archivo del 7 de Diciembre de 2007
Palabras más o menos
Con lo ordenada, o rutinaria (si tuviese el día bueno pondría detallista, pero es puente para otros), que soy para lo de las celebraciones (cumpleaños y aniversarios incluidos), por estas fechas lo que toca es un post sobre la Constitución; pero como también aborrezco repetirme, al menos de manera intencionada, porque inadvertidamente lo hago como todo el mundo excepto los humanos tipo veleta subtipo esponja, que en lugar de repetirse a sí mismos repiten al dictado de su última influencia, este año voy a pasar de glosar las virtudes, o buscar los defectos, o rememorar la historia de nuestra Constitución.
Pensando en lo que nos repetimos, acabo de caer en la cuenta (sí, uno de mis encantos es lo que tardo en caerme de algunos guindos, con lo despierta que soy para otras cosas) de que, llegada una edad, todas las palabras de amor que escuchamos han sido dichas antes por la misma boca solo que para otros oídos. Llevo un rato dando vueltas al asunto y me parece tan inaceptable dedicar siempre las mismas frases de amor en las distintas relaciones como escoger siempre la misma canción como «nuestra canción» con parejas diferentes, aunque reconozco que este grado de perversión ni lo he conocido ni lo concibo, supongo que es de esas cosas que sólo se le podría ocurrir hacer a alguien con tendencia a ser asesino en serie o similar.
Pero lo de escuchar frases que ya han sido dichas en parecidas circunstancias, cuando las circunstancias son amorosas, no me gusta, lo cual me debe de encuadrar en la categoría de las celosas retrospectivas para el común de los mortales; sin embargo, como no me apetece nada estar metida en ese saco y a veces soy indulgente conmigo, prefiero pensar que esta manía que acabo de descubrirme, sin motivo aparente que la justifique, es algo así como la reivindicación de que la imaginación del amante no se estanque. Aprovechando que me ha salido un pareado alguien tendría que utilizar el eslogan y emitirlo en las clases de primaria con unos dibujitos adecuados, para que vaya penetrando en las mentes tiernas. Como a mí no me ocurre lo de repetir a uno lo que he dicho al anterior, puesto que siempre he sido cuidadosa con lo que decía (o sea, que he sabido dosificarme), pensaba hacer un favor a la humanidad (a las futuras generaciones, la mía está perdida ya) y sintetizar en unas normas básicas la actitud adecuada para que esto no ocurra. Pero meditándolo más detenidamente, he llegado un minuto después a la conclusión de que para sintetizar normas básicas en esta materia ya están el telva, el cosmopolitan o el superpop, según la edad de los educandos, o el diario de patricia para analfabetos de todas las edades. Así que cada uno que discurra por sí mismo cómo ser original también en esto, aunque sin pasarse. O pasándose, que en la intimidad está todo permitido, algunos hasta habla(ba)n catalán.
Lo que no consigo sacudirme es la molesta sensación de saber que cada vez que he oído, por ejemplo, eres mi vida, no era yo la única vida, y eso en el mejor de los casos, que es no dar con uno que tenga varias vidas simultáneamente (¿las siete de los gatos serán simultáneas o sucesivas, por cierto?), sin que pensar eso me coloque en la categoría de las celosas contemporáneas, que una cosa es tener celos, y otra muy distinta negarse a ser harenera.
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