En defensa propia

Poseída, como cada año, por el espíritu prenavideño, decidí el sábado dar una vuelta por algunos sitios de mi ciudad para ver el resultado de las obras (eternas, gracias a los ecologistas y otros colectivos), las luces y los adornos. Como no me gustan mucho las aglomeraciones ni las familias con niños sin garantías de estar civilizados, me pareció que un buen momento sería justo antes de ir a cenar, porque entre esas cosas que una cree que sabe, está que existe una hora adecuada para bañar y acostar a las criaturas, y que más o menos coincide con la hora en la que yo salgo de mi casa los sábados, después de mimarme, o de haraganear, o de ser responsable y organizar el lío creado durante la semana, o de poner el Belén y decorar el árbol, como en esta ocasión. Pero las cosas que una cree que sabe no tienen necesariamente que ser verdad, como comprobé el sábado en la plaza mayor de mi ciudad, llena de niños trasnochadores y, lo que es peor, de sus padres y abuelos, haciendo cola para subir a un carrusel, sentándose en un trono vacío que mi madre me ha dicho que es de papá Noel y yo espero que sea para los Reyes Magos y para sus pajes (sería mucho más justo, a fin de cuentas, porque siendo seis pueden repartirse el horario laboral haciendo turnos, y así ninguno terminará congelado), gritando e intentando zafarse de las manos de los adultos que velaban por ellos, aunque no por su sueño ni por su higiene. Pero lo peor no era la cantidad de niños que había, gritando y llorando que es lo que saben hacer, ni siquiera aunque me hubiera dado por multiplicarlos por los 2.500 euros que nos han costado muchos de ellos y que me hace mirar a los cochecitos con cara de tio Gilito, sino la cantidad de padres y abuelos conduciendo sillas de bebé en sus múltiples versiones, aparatosas todas, con la desconsideración más absoluta hacia los pies y espinillas del prójimo como único carné.
un dulce bebé Especial mención merece una señora bajita que, cual Hamilton, logró pasar por (no entre, no, literalmente por) cinco filas de humanos en el tiempo récord de tres segundos gracias a la silla vacía que fue estampando contra todos los tobillos que no se apartaron a tiempo (mayormente porque los dueños de los tobillos estaban de espaldas a la homicida hormonada); iba la minimadre seguida por un minipadre apocado con criatura de ojos abiertos a duras penas en brazos, y una vez llegó la troupe a la verja que protegía al Nacimiento (mínimamente, la verja es bajita hasta para la pareja de minipadres), colocó estratégicamente la silla delante de ellos, protegiéndose y protegiéndoles de las hordas de humanos cojos que había dejado a su espalda. Afortunadamente no estábamos a bajo cero, y los golpes no degeneraron en fracturas como podría haber sucedido en caso de chocar el arma contra tibias congeladas; supongo que los obstáculos humanos terminarían sólo con algún cardenal, pero como la mayor parte de ellos iba también con criatura adosada, podría pagar con la misma moneda a la señora. Yo, que iba desarmada, sin mucho tacón y en franca minoría, opté por una retirada a tiempo. Pero estoy dándole vueltas al asunto y cada vez veo más ventajas a lo de tener niños, ahora que tenerlos no supone renunciar a nada, ni a trasnochar, ni a ir a bares o restaurantes llenos de humo, te dan una propinilla y, sobre todo, porque si saco de paseo una silla sin tener uno para meter dentro me van a terminar internando en colaboración con algún psiquiatra.

19 comentarios para “En defensa propia”

  • Ararat:

    La gente pasa de todo, pero igual con un coche de niño que con un carro de supermercado que con su propio coche, sin olvidar los temibles paraguas, lo triste es que esto sólo pasa en España y seguro que en otros países meridionales.
    Yo voy por la calle echando broncas a diestro y siniestro y el otro día salí de mi cuerpo y me vi en esa situación y era lo más parecido a esas viejas locas que los vecinos están deseando que se mueran.
    Si tengo tiempo contaré esto con más detalle en una nueva milikiaventura en mi blog.
    Besos con muchísimo sueño (o)

  • Conozco casos semejantes, y además protagonizados por mi propia madre que, saliendo a la calle con tres cuasi-nietos y la auténtica abuela de los niños, mutaba en un ejemplar semejante. Ambas señoras se convertían en dos personas desconsideradas y abusonas, que no paraban hasta situarse en primera fila de todo con los niños como excusa, y utilizando asimismo los cochecitos como arma ofensiva.

    Yo creo que cuando pones las manos sobre un cochecito de niño experimentas esa transformación, es algo involuntario, como respirar.

  • Buch:

    Recuerdo el estrambote de Cervantes, “…es cierto cuanto dice voacé, seor soldado, y quien dijere lo contrario, miente…”
    Pero, claro, la cuestión trascendental no es si el asunto es cierto no, porque con que lo afirme su alteza, es suficiente. El tema de debate ( que queda abierto con respeto a las minorías y opciones sexuales), es si el asunto tiene remedio. ¿Lo tiene? No, y no hay más que hablar (Se cierra el debate)Entonces diré una cosa que roza el meollo. Y es que la verdad, que yo creo que en España, uno delos defectos que tenemos es como somos muy cutres con la “vez” y esas cosas. A ver, no es que yo haya sido un viajero tremendamente observador, pero siq ue me he fijado que en otros sitios la gente cede el paso por pura cortesía, porque saben que el otro no va abusar. Aquí existe una cierta desconfianza previa, y yo creo que es que abusamos. Como las depredadoras que describes en tu post.
    Te doy un beso la mar de cariñoso, eso si. Apretando fuerte y haciendo ruido, aunque ahora que lo pienso, mejor sin ruido, así como tibio. muy mofletil…¿Me explico?

  • ¡Ay, Guiss…!
    Me encantas cuando eres cruel, especialmente con las mamás y las embarazadas (algunas mamás y algunas embarazadas, claro…), que son especialmente odiosas. Yo añadiría a estas especies, las prometidas y las recién casadas, que son altamente insoportables.
    El cochecito es como el paraguas, pero a lo burro. Es un incordio en manos no sabias (en las mías, por ejemplo, era un ejemplo de suavidad y musicalidad, poesía en movimiento) y lo peor no suele ser el cochecito sino, como ocurre con los perros, el/la que lo pasea.
    Estoy de acuerdo con la apreciación de Buch sobre las colas y la vez (¿¡la veezzz…!?) y la cosa, el nódulo, es, como siempre, la educación.
    Me haces mucha gracia en esta tonalidad, Princesa del Guisante, y puedes estar tranquila, que jamás te pondría en el aprieto de decirte, Guiss, guapa, tengo que salir, ¿te importa quedarte con los niños…?
    Aunque Buch (que es padrino, aunque él no se acuerde todos los días, de mi primogénita) puede decir lo discretos que son mis hijos… a veces ni humanos, parecen.
    Un beso, Guisantilla. Te quiero.

  • Un Fosforo:

    Los que nos procreamos siendo conscientes de que si nos procreamos nuestra descendencia no debe afectar a los demás, somos casos contados (Por ejemplo, Wolffo y yo).

    Nosotros (no Wolffo y yo, sino mi mujer y yo) desde siempre hemos salido a comer fuera (incluso a cenar) con la hija mayor, y ahora lo empezamos a hacer también con la pequeña.
    Tienendo en cuenta dos cosas, ellas son buenas y nosotros las enseñamos desde pequeñas a comportarse y no dar por saco al resto de comensales. Lo mismo podría aplicarse al tan español deporte de las visitas, que tenemos familiares y amigos a los que nunca invitamos a casa por no tener que cambiar media decoración para evitar roturas.

    De lo de los carritos de niño podría escribir un libro basado en el terrible efecto abuelo. Ese señor que se pelea con el resto de la familia, incluso a empujones, por llevar él el cochecito y atropella a diestro y siniestro.
    Pero no todo va a ser criticar al suegro, también podría hacer otro libro sobre el efecto abuela (mi madre) contando cómo no hay forma de tener a la niña (sobre todo de bebé) en brazos nadie que no sea ella.

    Pero ellos son así. O asín como diría alguno.

    Besos prenavideños o navideños del todo.

  • PrincesadelGuisante:

    Ararat, sí, es igual con todo, pero con carros de supermercado no me cruzo mucho, y en cambio con sillas de niños me cruzo a horas en las que no tendrían que estar por la calle, decididamente.
    Ahora voy a ver tus milikiaventuras :P
    Besos (o)

    Kotinussa, jajajaaaaaaaa, eso, terminan en primera fila siempre, siempre, con la excusa de que los niños vean. La reina del guisante hace igual con sus sobrinonietos, pero la verdad es que es ella quien quiere mirar. Y cuando nosotros éramos pequeños no era tan desconsiderada. Pero yo he empujado ocasionalmente alguna sillita y no he sufrido la mutación ¿eh? igual es el uso prolongado…

    Buch, mira, con lo que dices me viene a la mente otro ejemplar, que son las señoras que parece que se tienen a duras penas sobre sus piernas pero en cuanto llega el autobús parecen un atleta keniata, te hacen un par de placajes y plas, sentadas en medio minuto, que tú ni has llegado a poner el pie en el primer escalón.
    Te explicas, pero no me gustan los besos tibios, que lo sepas. En realidad no me gusta nada tibio, ahora que lo pienso… ;)

    Wolffo, el desahogo aquí no es muy cruel, fue más cruel cuando en voz alta hice algunos comentarios de este tipo en presencia de Doña Hamilton y su marido, que miraban hacia otro lado y sólo les faltó silbar disimulando :$
    Los cochecitos de niños son horribles, nada fáciles de manejar, y mucho peor los de gemelos, eso sí que es de premio.
    Por otro lado, y aunque parezco herodes cuando escribo, tengo que decirte que me suelo llevar bien con los niños y con los perros grandes, les gusto, como ellos me gustan a mí, en pequeñas dosis, así que no me pondrías en un aprieto ;)
    Estoy segura de que lo que parecen tus hijos es humanos educados, como tiene que ser.
    (K)

    Un Fosforo, yo no estoy en contra de que dejen entrar a los niños en los restaurantes, estoy en contra de los padres que los dejan corretear y ni se preocupan de si a mí sus criaturas me caen en gracia o no. Y luego, una hora después de estar el niño dando el coñazo, le dicen desde lejos con voz de gato afónico «Izan, ¿no ves que molestas a los señores?» y me dan ganas de contestar «no, no lo ve porque es un niño, pero si tuviese un padre no oligofrénico haría una hora que estaría recogidito» :F
    Los niños educados, en cambio, me gustan bastante. Y siendo ajenos tienen la ventaja de que no hay que cambiar el pañal ni nada.
    El efecto abuelo y el efecto abuela los reune mi madre ella solita en sí misma, y sin tener nietos ;)
    Besos prenavideños (los navideños ¿serán con bolas? :$)

  • Buch:

    Alteza, los hijos de Wolffo son de lo más educado. Esto es una cosa que Wolffo ha hecho bien, ya ves. Pero quiero explicar que la tibieza de los besos no se refieren a su calor afectivo (En realidad son de arrebatada pasión), sino a que pueden producir una sensación de templadito, ¿sabes? Es algo físico.

  • Un Fosforo:

    Si sumamos los besos templaditos de Buch, esos que producen una sensación de templadito, con mis besos Navideños en bolas (que no con bolas como tú inocentemente propones…nos queda una cosa eroticofestiva de lo más agradable.

  • Ahí el Fosfous tiene razón, y tú, Guiss, incluso. La cantidad de padres ahorcables del mundo es superior (dos veces, al menos) que la de niños.

    Quiero decir, por ser justo, que Buch es ese padrino que todos los niños quieren: da poco el coñazo, no exige buenas notas, ni siquiera llamadas de las que a un adolescente le darían 100 patadas hacer, pero cuando llegan los días señalaítos va y se retrata con una buena cantidad de billetes. La última vez quise yo ser ahijado de Buch, porque el tío, además quería darme a mí la pasta para que la niña no pasase un mal rato. Me negué, claro, primero porque los billetes en mis manos tienen un incierto final, pero segundo porque quería ver a Buch en plan padrino magnánimo dando consejos y cosas así. No me dio el gusto, el muy capullo, y se limitó a untar a la niña y desearle con elegancia y su excelente sentido del humor que se lo pasase pirata. Fue en ese momento (y no cuando supe la desorbitada cantidad que le daba, Buch es buen padrino, pero sería un pésimo papá, un malcriador) cuando quise ser su ahijado.
    Seamos justos.

  • PrincesadelGuisante:

    Buch, ni por un segundo lo he dudado ¿eh? que sean educados y estupendos, tienen a quien salir.
    Bueno, si son de arrebatada pasión mejor, sí, porque yo lo de templadito no lo tengo nada claro, yo soy de temperaturas extremas ;)

    Un Fosforo, vale, aprovechando que desde ya mismo estoy de vacaciones hasta el año que viene, pueden ser navideños, es más, declaramos ya inaugurada la Navidad ;)

    Wolffo, sabes que me encanta tener razón, así que no voy a añadir nada.
    Buch, ahora que no nos oye, da la impresión de tener a veces rasgos de timidez muy tiernos ¿eh? Tenéis suerte, me parece.

    Besos para los tres (K)

  • Buch:

    Si que sería un padre como el culo, lo reconozco. Aunque sería jovial y desdramatizador. Y, como padrino, un puto desastre, que es lo que Wolffo ha descrito con tanta elegancia.
    De lo que mejor soy es amante ardiente latino. Ea.

  • PrincesadelGuisante:

    Buch, tomamos nota. Te has puesto el listón muy alto ¿eh?8)

  • Buch:

    ¡Pues lo voy a contar! De una de mis amantes más distinguidas, conseguí que recitara a Byron a gritos…

    ¡¡SIn haberlo leído jamás!!

  • Jeje, eso te pasa por irte a sitios donde los padres llevamos a nuestros hijos!:P
    Ahora, que yo recuerde nunca he ido en plan rematapiernas con los carritos de los niños, y si alguna rara vez alguien chocaba con mi carro (que nunca al revés, ya que me saqué el carnet de carrito de niños, pa eso soy una madre responsable, ejem) siempre era yo la que se disculpaba por el percance, por si acaso, con aire angelical(A).

    Feliz Navidad, Princesa, para ti y los tuyos.

    Besos(K)

  • PrincesadelGuisante:

    Buch, menos mal que fue a Byron, eso puedes contarlo porque la SGAE no gestionará sus derechos de autor… :P

    Binche, era la calle y por la noche, es decir, un sitio que tendría que haber estado libre no sólo de niños sino de padres responsables :P
    Aunque tengo que reconocer que no sólo los que conducen sillas de niño no tienen conciencia de lo que ocupan, los mochileros tampoco :F
    Feliz Navidad para vosotros también (K)

  • mons:

    jajajajaja bueno, alguna vez me he visto manejando el carrito y confiando en la buena disposición de la persona a la cual piso y/o avasallo, siempre sin querer y con una sonrisa en los labios. Y otras veces me he visto pisada y/o avasallada por el conductor/a de turno que llevaba mucha prisa, cosa que comprendo si el niño llora porque tiene hambre, en esos momentos solo quieres que el llanto dure lo menos posible. Lo que duele mucho es que te pisen en la parte trasera del pie, justo donde termina el calzado y empieza la carne, ahí pellizca y ves las estrellas, aunque es mucho peor si lo hacen con un carro del mercadona. Besos niña preciosa. Qué gusto leerte, oirte, verte … a veces el tiempo vuela.

  • Buch:

    ¿Montamos una movida de saludos? ¡¡Saludito para MOns!!

  • MONS:

    Holaaaaaaaa saludos para buch que no puedo entrar en su pagina marditaseamizuerte.
    Un beso:L

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