Archivo del 1 de Febrero de 2008

No sólo huesos

Siguiendo con mi programa de evasión de la realidad en los ratos que puedo, suelo llegar a mi casa por las noches justo a tiempo de ver, mientras cumplo con las labores propias de mi sexo, un concurso que emite antena 3 hecho con los restos de varios programas de tele 5. Así, que yo sepa, presenta un exconcursante de gran hermano al que no logro situar, pero lo hace bastante bien y parece normal, y cantan tres exconcursantes de operación triunfo, siendo uno de ellos, a su vez, exconcursante de pop stars. El programa consiste en que los concursantes seleccionados al principio de entre el público se sepan las canciones, todas en español, siendo lo importante la memoria para las letras y lo de menos la entonación. Yo jamás me plantearía ir a concursar, porque por si mi falta de afinación fuese poco motivo, además puede salir una canción en español de cualquier época, y cualquier época incluye todo lo que no son años ochenta, con lo pez que estoy yo en bisbales, bustamantes, chenoas, merches y demás, o en grandes éxitos de los años veinte e incluso anteriores; sin embargo, y gracias a que cuando yo era pequeña el conductor del autocar del cole no tenía dinero para más cintas o era fan de Rocío Dúrcal, puedo mascullar cosas como «tú querías que te dejaaaaaaara de quereeeeeeeeeeer y lo has conseguiiiiiiiiiidoooooooooo» con mi encantador estilo de esquivar las notas, pero acertando casi todas las palabras. Todas no, porque he descubierto viendo este programa que aunque cojo la idea general, soy muy mala para los sic musicales, y sustituyo palabras por otras que a mi juicio y al juicio de cualquier ser razonable encajan mucho mejor, además de haber sido incapaz toda la vida de cantar el chirriante «contestastes» que uno de los Cano puso en «la fuerza del destino».
gordaDecía que lo de menos es la entonación, y tan de menos es que puedo afirmar sin ningún género de dudas y sin asomo de autoindulgencia que ya han pasado unos cuantos por el escenario que cantan muchísimo peor que yo, y eso es decir muy mal, horrorosamente mal, y se mueven con mucha menos gracia, aunque dan más risa. La falta de pudor que demuestran algunos concursantes al dejar que los espectadores constaten su falta de oído es mucha, pero si se compara con la falta de pudor con la que más de la mitad exhibe sus michelines, se queda en apenas nada, porque, antes que leyendo ningún estudio, viendo este programa me he dado cuenta de que somos un país de gordos, pero gordos-gordos, gordos desbordantes, y cuando se trata de gordas, además de desbordantes, sin complejos. Porque muy desinhibida tiene que ser una para encerrar su anatomía de lámpara de lava en un escueto top de cuero rojo y negro, como he visto con estupor uno de los días, o para ponerse una camiseta de las de enseñar el ombligo, que con esos volúmenes una nunca sabe si es a propósito o es que les está pequeña, y además el ombligo no se ve porque está perdido entre los pliegues y las lorzas, mirando hacia el suelo por efecto de la curvatura de la panza, con el triste resultado de que las únicas que podrían ver el ombliguito de la moza serían las hormigas en el caso de que mirasen hacia arriba.
Desde luego sé que tienen derecho a vestirse como quieran y bla, bla, bla, y ni siquiera reivindico cuerpos perfectos por aquello de la viga en el propio, sólo digo que algún término medio tiene que haber entre ir (des)vestida así y vestirse como la de mocedades.

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