Archivo del 5 de Febrero de 2008

Pares llevo

Entre las muchas incapacidades que tengo se encuentra la de no hallar parecidos donde todo el mundo lo hace, así que cuando veo un niño pequeño agoto enseguida los temas de conversación en los que yo puedo intervenir con un mínimo conocimiento de causa después de haber dicho «qué guapo» o «qué tierno» según haya salido de lograda la criatura, y luego asisto pasivamente al reparto de órganos que realizan gentes más hábiles que yo: «tiene los ojos de su padre», «tiene la nariz de su madre» (que en realidad los niños tienen todos pegotitos, los que tenemos narices somos los adultos, ni la persona más chata que exista en el mundo ha nacido con su nariz de adulto), «el pelo es de su abuelo» y todas esas cosas que se dicen con el bebé recién llegado al mundo.
En cambio, y seguramente para compensar, veo «parecidos» entre adultos o entre niños y adultos que nada tienen que ver entre sí. Por eso, y por descabellado que sea, yo me refiero a este anuncio como «el de Javier Marías de pequeño», porque para mí el niño protagonista se parece más al escritor que el propio escritor cuando era niño. También por eso hoy, que es el supermartes que tanto nos importa a los españoles según los medios de comunicación, me resulta más simpático Obama que Hillary, a la que veo una peligrosa tendencia a evolucionar igual que María Teresa Campos.
hillary unomtc dosPor lo menos en lo físico. Como yo no sigo la política estadounidense, no sé si su inteligencia, apertura de mente, genuino progresismo, valía profesional y todas esas cosas serán iguales en una y otra, ni me interesa, francamente, porque demócrata, más demócrata o republicano, lo único seguro es que al final el que gane lo que va a ser en primer lugar, por encima de todas las cosas y sobre cualquier otra consideración, es presidente de los Estados Unidos.
El que también debe de tener una aptitud igual que la mía para la cosa de los parecidos es Monsieur Sarkozy, que se ha casado con el borrador de Cecilia, veinte años después. Aunque quizá a él, que tiene más elementos de juicio, no le resulten tan similares como a mí. Al que desde luego no le resultan tan iguales es a nuestro presidente Rodríguez, que al ser preguntado al inicio del idilio sobre qué opinaba del asunto, haciendo gala de esa campechanía llena de talante y de esa hidalguía española, en lugar de soslayar cobardemente la cuestión invocando banalidades como la libertad del francés y a su intimidad, vino a decir algo como que salía ganando porque la nueva es más guapa. Lo único que me decepciona un poco es que yo le hacía más espiritual estando casado con Sonsoles, que siempre me recuerda un cuento de mi infancia.

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