Aquà está, viene ya tan feliz…
De entre las cosas que me resultan difÃciles de imaginar, uno de los primeros puestos lo ocupa la intimidad de las parejas de las que no formo parte. Hablo, claro, de las que pueden tenerla, y eso excluye necesariamente a mis parientes cercanos, como excluye a los parientes cercanos de todo el mundo excepto de algún pervertido. Supongo que la intimidad que imagino en el resto se compone en parte de las experiencias propias que les cedo (pocas, es para lo único que soy avara) y en parte de lo que deduzco de cómo se comportan en público. O sea, que hay muchÃsimas posibilidades de que todo sea falso, lo sé. Y también sé que esas cosas no se piensan, y si se piensan no se dicen, pero a veces no puedo evitarlo (ni el morbo ni el ser lenguaraz).
No puedo dejar de imaginar un tedio insoportable, hondo buscando ser profundo, entre Jorge Drexler y Leonor Watling, y la imagen es tan terrible que sólo me aburre más si los evoco en un «loft», lleno de incienso y asientos incómodos, entonando a dúo, mientras se miran lánguidamente a los ojos, algún tema musical que les pegue: lento, lleno de notas bajas y repetitivo, ni puedo dejar de ver a Javier Conde y a Estrella Morente a punto de posar en un banco de un parque lleno de criadas y soldados ante el fotógrafo que les pide que miren al pajarito justo antes de meterse bajo el trapo negro, él sentado, ella detrás y de pie, los dos con una sinfonÃa de ondas al agua y gominas componiendo el semblante grave de quien deja todas sus imágenes para la posteridad, tratándose entre sà de usted mientras suena un organillo, tan antiguos se esfuerzan por ser, ni puedo dejar de pensar en el presidente RodrÃguez y Sonsoles enfrascados en una competición a ver cuáles de sus cuatro ojos llegan más lejos en el salto, desorbitándose mientras se miran, ajenos al transcurrir del tiempo, ajenos al resto del mundo actual, echando una firmita al brasero y esperando para escuchar por la radio «el parte».
Me estoy dando cuenta de que todas las mujeres de las parejas que he citado saben cantar, algunas de hecho son voces imprescindibles en un coro numeroso, y sin ser solista, que es más difÃcil, asà que no descarto que además haya un punto de envidia porque yo no es que no sepa, es que estoy fÃsicamente incapacitada para hacerlo, y en un dÃa como hoy sà me apetecerÃa porque tengo hasta la canción elegida:
Por eso hoy te besaré, pero no me escucharás cantar…









