A buen hambre…
Hace un tiempo ya, en este mismo sitio, aclaré lo poco que me suelen gustar los programas de cocina que han proliferado en las televisiones, pero repasando hace unos dÃas «el mundo» me llamó la atención el resumen (a la izquierda de sus pantallas, pinchen ustedes para ampliar) de una noticia sobre uno de estos espacios.
Si ya habéis visto la imagen, entenderéis que me sorprendiesen dos cosas en esas tres lÃneas. La primera de ellas, que alguien siga considerando afrodisÃaco y sofisticado lo de las fresas y el champán, cuando hasta en los «eventos» que organiza cualquier empresario de la baldosa para inaugurar una tienda es lo que se sirve, pudiendo sustituir el alcohol por el chocolate. Aunque si al escribir champán se referÃa verdaderamente al champagne, sà es un puntito sofisticado, que aquà te endosan el vulgar codornÃu en cuanto te descuidas, aunque yo me descuido poco y menos todavÃa desde que Caldera se hizo cadáver. Lo segundo es que el redactor (incluye también redactora, no sé lo que será porque nadie firma) haya necesitado que se crease este espacio para llegar a la conclusión de que el placer empieza por la boca, cuando esa es una verdad al alcance de cualquier adolescente medianamente espabilado.
Yo he pensado siempre que existe la cocina antilibido, porque nadie puede tener ganas de mover a una persona que está digiriendo una fabada, ni se puede sentir sexy en una casa donde se ha cocido berza u oreja, o se hayan asado sardinas, y tengo una relación problemática con las cosas supuestamente afrodisÃacas, ya que no me resulta nada atractivo un señor que acaba de zamparse una mariscada con las manos si no me lo parecÃa previamente, ni me siento en absoluto dispuesta a que me prueben como mesa y me embadurnen con leche condensada a ver si asà consiguen que sea dulce, o cualquier otra cochinadita por el estilo, y eso es algo que por culpa de «nueve semanas y media» se ha instalado para siempre en las mentes de muchos de los hombres (antes chicos) de la franja de edad con la que me relaciono (claro que si se les ha instalado eso, no en un plano Ãntimo, aclaro para los malpensados).
Por mucho que aprecie una buena comida, y de verdad que lo hago, creo que jamás me van a contar entre sus espectadores.









