Archivo del 24 de Mayo de 2008

Capullos

Creo que el mundo y yo estamos peleados. Como atenuante sólo puedo decir que no he empezado yo, en mi descargo que soy pendenciera combativa por naturaleza y en mi favor que estoy intentando cambiarlo, pero mientras llega el momento de la metamorfosis (qué bonita es la metáfora si no se piensa que mientras no ocurre una, o sea yo, es un capullo…) sigue habiendo muchas cosas que me molestan, casi diré que demasiadas, y hoy, entre todas, sube a los primeros puestos la incapacidad de los peluqueros para medir el tiempo y planificarlo. No sé si será predisposición genética, o algo que les ocurre mientras piensan en los colores de pelo que aún no han probado sobre sus cabezas, o un efecto secundario de la inhalación de amoniacos y aguas oxigenadas, pero llevo meses buscando una peluquería en la que cuando te den hora a las doce y media del sábado, signifique que a las doce y media del sábado (o, como mucho, a la una menos veinte, como concesión a la impuntualidad que es la única característica nacional que parece sobrevivir en esta unión de autonomías de primera y segunda integrada en la alianza de las civilizaciones que somos) vas a sentarte en uno de esos sillones de sube y baja y que van a empezar a tocarte la cabeza mientras evitas mirarte en el espejo, porque para ver los cambios de estilo de la menguante princesa Letizia durante estos cuatro años o el bautizo de unas mellizas demasiado grandes para un traje de cristianar no necesito que me dé cita nadie. Es más, si dedicasen un poco de su cerebro a pensar en otra cosa que no fuese rebautizar el tinte con el pomposo nombre de baño de color, podrían llegar a la conclusión de que si me gasto entre 30 y 60 euros en que me arreglen el pelo, bien podría acercarme al quiosco y comprar el Hola, en el caso de que me interesase, y que ni yo ni nadie que sepa leer sin necesidad de ir guiándose con el índice por las líneas de los textos, necesita una hora (¡una hora!) para repasar toda la prensa que hay en una peluquería.
Pero ya he dicho que estoy intentando cambiar, así que pensaré que su falta de consideración con el tiempo ajeno es porque se concentran mucho para evitar que un exceso de exposición al tinte baño de color nos deje calvas, y sólo pueden planificar periodos de media hora.
Sólo espero que este camino que he emprendido para corregirme no me lleve a ser, en lugar de una, mil mariposas…

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