Capullos
Creo que el mundo y yo estamos peleados. Como atenuante sólo puedo decir que no he empezado yo, en mi descargo que soy pendenciera combativa por naturaleza y en mi favor que estoy intentando cambiarlo, pero mientras llega el momento de la metamorfosis (qué bonita es la metáfora si no se piensa que mientras no ocurre una, o sea yo, es un capullo…) sigue habiendo muchas cosas que me molestan, casi diré que demasiadas, y hoy, entre todas, sube a los primeros puestos la incapacidad de los peluqueros para medir el tiempo y planificarlo. No sé si será predisposición genética, o algo que les ocurre mientras piensan en los colores de pelo que aún no han probado sobre sus cabezas, o un efecto secundario de la inhalación de amoniacos y aguas oxigenadas, pero llevo meses buscando una peluquería en la que cuando te den hora a las doce y media del sábado, signifique que a las doce y media del sábado (o, como mucho, a la una menos veinte, como concesión a la impuntualidad que es la única característica nacional que parece sobrevivir en esta unión de autonomías de primera y segunda integrada en la alianza de las civilizaciones que somos) vas a sentarte en uno de esos sillones de sube y baja y que van a empezar a tocarte la cabeza mientras evitas mirarte en el espejo, porque para ver los cambios de estilo de la menguante princesa Letizia durante estos cuatro años o el bautizo de unas mellizas demasiado grandes para un traje de cristianar no necesito que me dé cita nadie. Es más, si dedicasen un poco de su cerebro a pensar en otra cosa que no fuese rebautizar el tinte con el pomposo nombre de baño de color, podrían llegar a la conclusión de que si me gasto entre 30 y 60 euros en que me arreglen el pelo, bien podría acercarme al quiosco y comprar el Hola, en el caso de que me interesase, y que ni yo ni nadie que sepa leer sin necesidad de ir guiándose con el índice por las líneas de los textos, necesita una hora (¡una hora!) para repasar toda la prensa que hay en una peluquería.
Pero ya he dicho que estoy intentando cambiar, así que pensaré que su falta de consideración con el tiempo ajeno es porque se concentran mucho para evitar que un exceso de exposición al tinte baño de color nos deje calvas, y sólo pueden planificar periodos de media hora.
Sólo espero que este camino que he emprendido para corregirme no me lleve a ser, en lugar de una, mil mariposas…
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¡Ah, las peluquerías! Un mundo aparte. En cualquier blog se le podría dedicar toda una sección propia.
Yo voy a una donde no dan hora, sino que te toca por riguroso turno de llegada. Para evitar esas larguísimas esperas hago lo mismo que hace mi madre con el médico, y es ir de forma que te toque la primera. Prefiero ir 10 minutos antes de que abran y esperar en la puerta, que esperar 90 minutos a media mañana o media tarde. Al final compensa, porque sales también la primera, y no te parte en dos la tarde o la mañana, dándote tiempo a hacer muchas otras cosas. Porque tiene guasa pensar que por el hecho de ir a la peluquería tienes que entregar una mañana o una tarde completas de tu vida.
En cuanto a los tintes, lo tengo muy claro. Tengo el pelo abundante, fuerte y de buena calidad. Es inevitable que la edad te debilite el pelo, así que a esa certeza no voy a añadir el peligro de que 30 ó 40 años echándote amoniaco en la cabeza (aunque un actor disfrazado con bata blanca diga lo contrario en un anuncio de televisión) te deje, además de vieja, pelona.
Mis canas crecen a sus anchas, y espero que el resultado final sea el de una viejecita con una hermosa y abundante mata de pelo blanco, en lugar de una triste calva con cuatro pelos esparcidos de un color imposible e inexistente en la naturaleza. Porque esa es otra, no hay un color de tinte, sea de la marca que sea, que se aproxime levemente a los colores naturales del pelo. Los rubios son amarillos, los castaños, chocolate, o peor aún, con reflejos rojizos que llegan hasta un puro burdeos.
Como ves, tengo muchísimo que decir sobre el tema. Me callo ya, que me conozco bien, y aunque soy combativa no estoy haciendo nada por cambiarlo. De forma que en mi caso la metamorfosis no se producirá y seguiré peleada con el mundo por los siglos de los siglos (o hasta que el mundo cambie).
(K) (k)
Porque no vas a peluquerías de hombres, a la peluquería pija a la que voy llamo y pido hora, a las 17:30, que es cuando puedo ir, y allí estoy como un clavo y en no más de 10 minutos ya me están pasando el cortacésped por el cráneo.
Odio ir a la peluquería y más el empecinamiento de la única chica de la peluquería que siempre me lo corta a mí y está empeñada en que salga hecho un travestón de allí ¡pues no me dice que si me arregla cejas el otro día! y si a mí me gusta tenerlas como kruschev ¿qué?
Otros agujeros negros son las farmacias y los veterinarios, sabes cuando entras pero nunca cuando sales.
Besosss (o)
Lo llevo muy mal… casi que me tinto yo sola en casa con muy regulares resultados… pero como yo no me veo el pelo por detrás…;)
En fin que entre la espera y lo que tarda el tinte y si después quieres mechas pues pueden pasar tranquilamente cuatro horas de tu vida… o más!!!!
Besos… nos traga la vida mi niña :L
Con respecto al tema de las peluquerías, y de hecho tal vez recuerdes que te he mandado una dos mil tarjetas postales suplicándote que te implicaras en el tema, tengo muchísimo que decir.
Con respecto a este tema, como digo, yo sufrí una experiencia renovadora. Yo solo iba a la peluquería a desgreñarme, durante los treinta y cinco primeros años de mi vida. Aparecía en la peluquería de caballeros correspondiente, y ahí me hacía podar por manos masculinas. Y venga que si Butragueño esto, que si Mercedes SLK lo otro. Ya viviendo en VIllalba, un buen día me metí en una peluquería clásica regentada por un veterano de la poda pilosa, que además de gran maestría con las tijeras, y un aliento que apestaba, sudaba sobaquilmente a lo bestia y se arrimaba demasiado, y empecé a notar como algo incómodo. Fue después de salir de allí cuando pensé que si a mi me gusta más estar con mujeres que con hombres, hablar con mujeres más que con hombres, y bailar lambada más con mujeres que con hombres…¿Por qué no me iba a pelar a Rizo’s? Al fin y al cabo allí te pelaban unas chicas que si bien no eran todas preciosas, no mucho menos, por lo menos no sudaban como Zidane, y tenían el aliento fresco. Además como muchas veces como voy cuando están a punto de cerrar, me quedo solo con la peluquera, y me tengo imaginada cada peli,…
Y desde entonces al unisex.
Grandes besos.
Buch, ¿qué pasaría si un día fueras a Rizo’s y te atendiera un “blando de cintura” (como decía mi abuelo)? Ten en cuenta que en esas peluquerías unisex hay mucho sarasa. Te lo recuerdo sólo por tu bien, que ya sabes que tu bienestar, tanto físico como espiritual, me importa mucho.
Lo sé, lo sé, pero en Rizo’s solo trabajan chicas. Me gustan las mujeres, tú.
En cualquier momento llega la paridad a Rizo’s y obligan al dueño a tener un 50% de heterosexuales y un 50% de homosexuales. O 1/3 de chicas, 1/3 de chicos y 1/3 de indefinidos. Y te veo volviendo a toda prisa al que se perfuma con “Eau de sobaque”.
Koti, eso o unos hermafroditas, como EL monja aquel de Brasil que dejó preñadas a no sé cuantas monjas del convento y que pensaban que era un milagro hasta que descubrieron que una de las monjas era un hermafrodita.
Kotinussa, en la que yo llevaba yendo como quince años tampoco daban hora, pero jamás logré llegar la primera, seguramente porque a mí la cama me gusta mucho más que a la media…pero no logré ser la primera ni yendo un cuarto de hora antes a hacer cola en la puerta, que ya me parece lo más triste del mundo. El desastre ha venido cuando han empezado a dar hora, y el primer día que fui con cita me tocó esperar hora y media. Entonces empezó mi peregrinaje, que aún no ha terminado, porque voy pensando que son todas iguales.
Es más, todo el mundo es igual de desconsiderado, el viernes he acompañado a un cliente a la notaría para firmar una partición de herencia, cuya documentación aporté el lunes, con el inventario realizado, la distribución hecha, sus quebrados correctos y todo lo demás, y a las once, que es cuando teníamos hora para la firma, sospecho que se han puesto a mirarlo… finalmente, y varios cafés mediante, hemos firmado a las doce y cuarto. Como si el mundo no tuviese otra cosa que hacer que esperar entre revistas aburridas. :F
(K)
Goliardo, las peluquerías a las que voy son “unisex”, pero los hombres esperan menos, normalmente con los que coincido son de corte de pelo sin fantasías, o sea, que en diez minutos o cuarto de hora están listos.
jajajaaaaaaaaaaaaa, lo de travestón me ha llegado al alma
(K) (o)
mons, yo es que soy una negada para arreglarme el pelo :S Bueno, es genético, en mi casa jamás nos han cortado el pelo, ni a mí ni a los niños, sin pasar por una peluquería, no somos nada hábiles ni para eso ni para las chapuzas caseras… para cualquier cosa necesitamos a uno noble obrero
(K) yo estoy tragada del todo, snif.
Buch, pues supongo que ahora disfrutarás en las peluquerías, porque además en todas las que llevo recorridas he comprobado que las más jóvenes tienen tendencia a enseñar sus tangas o bragas alegremente por aquello de lucir pantalones de uniforme de talle bajo. Un festín para la vista que me temo no aprecio como debería

Eso sí, ten cuidado con lo que te dice Kotinussa, porque los peluqueros de hombres eran más bien recios y sin amaneramientos, pero yo creo que de esa especie tipo “pelaero” no queda ya ningún representante, y ahora me temo que la gran mayoría si te ven, te harán el centro de sus fantasías
(k)