Archivo del 31 de Agosto de 2008

(H)alterada(s)

Vuelvo, relajada pero no más sabia, aborreciendo septiembre como si tuviese que hacer lo de la vuelta al cole (cuando, en realidad, la vuelta ha sido a mediados de agosto), semiconsolada porque empiezan las ferias la semana que viene, atiborrada de retransmisiones de juegos olímpicos, y todavía perpleja porque haya humanos dedicados a levantar peso por afición. O sea, a mí lo de los deportes en general me parece bastante tonto, me da igual en cuánto corra un señor (o una señora) los cien metros para nada, que otra cosa sería hacerlo con intención de llegar y recoger a un niño (incluso a una mascota) que está cayendo desde un balcón, aunque me gusta el baloncesto tampoco veo que tenga mayor trascendencia, y el único cuerpo de deportista que me gusta es el de los (algunos) nadadores, que además, y como cosa útil, supongo que podrán salvarse de un naufragio, pero ¿levantar peso??? ¿qué sentido tiene eso si no eres butanero? ¿por qué practican un deporte que les pone esos cuerpos de prehomínido? y todavía peor ¿por qué lo hacen ellas? Que yo, dentro de no gustarme nada lo de practicar deporte, puedo comprender que se haga para mejorar el cuerpo, ponerlo firme, estilizarlo, luchar contra la gravedad, incluso alcanzar la longevidad y la prosperidad como Samaranch. Pero lo de castigarte haciendo una cosa tan antiestética como ponerte en cuclillas y cargar con no sé cuantos kilos, posando espatarrada con ellos en lo alto, para conseguir un cuerpo de desecho, como de pegotones (de músculo, imagino), con las tetas en franca retirada, huyendo seguramente del gritito ritual que suelen proferir al comienzo del ejercicio (o será un efecto óptico, por la desproporción), escapa a mi entendimiento. Y supongo que al de cualquiera con ojos en la cara.
Eso sí, si alguna de ellas me da un manotazo con desgana, me vuelve del revés sin esfuerzo.

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