Teatrillos

Un día de la semana pasada tuve que ir a hacer una gestión a una sucursal bancaria situada en la plaza mayor de un pueblo no demasiado pequeño para lo que son los pueblos de Castilla. Según me acercaba hacia mi destino por una de las bocacalles que terminan en la plaza principal, iba escuchando un chunda chunda que se interrumpía cada pocos pasos; como en la “vida real” nadie sabe que soy princesa, descarté inmediatamente que hubieran contratado una banda para mi visita, completamente inesperada, y además no habían puesto siquiera el remedo de alfombra roja que ahora ponen hasta en Navidad por todos los sitios. Repasé lo que sé de las fiestas populares de mi zona, y como ni estamos en agosto ni estamos en septiembre, tampoco servía de explicación, porque para ensayos es pronto. Como la calle por la que caminaba es corta, supuse que enseguida iba a salir de dudas, pero me equivocaba.
Llegué rápido, eso sí, pero lo que vi no me aclaró nada: justo a la puerta del Ayuntamiento, el Alcalde y lo que supongo serán las fuerzas vivas (pareja de la guardia civil incluida) contemplaban como, unos pasos más adelante, un par de humanos correteaban al son de la música persiguiéndose, para sentarse entre empujones en cuanto ésta dejaba de sonar en un par de sillas colocadas allí. Como atrezzo había naranjas por el suelo, formando una hilera más o menos, pero no parecía una protesta de agricultores porque no las regalaban y además por aquí sería más lógico hacerlo con patatas.
Yo, que he sido niña y he ido a un colegio en el que se hacían fiestas y convivencias, conozco bien lo del juego de la silla, y sé que para que tenga algún sentido tiene que haber una silla menos que participantes pero ¿quién sabe, me dije, si esto no será una vertiente autóctona del juego, o una variante introducida por la pedagogía moderna, en la que es obligatorio que el número de participantes y sillas sea idéntico para que nadie pierda y ningún tierno infante se sienta torpe?
A la ida y a la vuelta, de reojillo, miré hacia el grupo actuante, las autoridades y la docena y media de jubilados que contemplaban el espectáculo, pensando en lo animada que es la vida diaria fuera del despacho, pero tampoco tenía tiempo para quedarme y ver el desenlace.
Supongo que por eso, por no haber visto ni el principio ni el final, mi natural perspicacia no advirtió que lo que en realidad estaba ocurriendo allí era una “performance” para conmemorar el día mundial de la mujer maltratada (o como lo hayan llamado, seguramente el día contra la violencia de género, pero yo no llamaré a estas cosas violencia de género hasta que el acoso en las aulas se llame violencia de número). Eso, claro, lo sé porque me lo contaron luego mientras tomaba un café con unos conocidos.
O sea, que a mí no consiguieron concienciarme nada. Seguramente sí lo harían con los jubilados, mucho más acostumbrados al arte de vanguardia que yo, dónde va a parar. Y en realidad sí necesito que me conciencien, porque sigo incapaz de ver por qué es peor el maltrato en el ámbito doméstico si es del hombre hacia la mujer que si es al contrario, y me espanta leer, ver o enterarme de actitudes sumisamente soportadas por parejas, él o ella y de cualquier edad y situación, que aguantan fiscalizaciones de sus vidas hasta extremos enfermizos sin que nadie, ni ellos mismos, considere esto no sé si maltrato, pero desde luego una intromisión intolerable en la intimidad (que uno comparte hasta donde quiere, ni un milímetro más) que para mí sería causa de separación o de ahítequedascuadro, según lo formal que haya llegado a ser para entonces.

8 comentarios para “Teatrillos”

  • Y ¿tus conocidos te explicaron la relación de la extraña puesta en escena con el tema del mal trato? Porque debe ser que los de capital somos muchos más torpes que los de pueblo, pero no acierto a encontrar el mensaje del espectáculo que has descrito.

  • PrincesadelGuisante:

    La verdad es que ellos tampoco lo entendían, sólo sabían que el acto programado era por eso, pero cuando se lo describí no daban crédito a tanta creatividad…

  • Pues los jubilados todavía lo entendemos menos, a no ser que las dos sillas fueran para que los jubilados danzantes se pudieran sentar, ya que si alguno se cansaba se terminaba el espectáculo, y es que los años no pasan en vano.
    ¿Puedo coger una sillita para sentarme?
    Saludos

  • Buch:

    Teatrillos, performances, happenings, o su sinónimo español: gilipolleces. Todos los domingos que hace buen tiempo, tenemos alguna. O bien un grupo de desocupados se tiran en el suelo de la plaza mayor en pelotas, y se cubre con sirope de fresa, o bien montan en bicicleta en pelotas para protestar por el cambio climático, o bien se hacen unas lecturas de Borges (24h leyendo a Borges, ¿Quién lo aguanta?) o mejor aún se hacen unas cadenas humanas por la paz, o por la salud, o yo que sé.
    A mi es de las cosas que más vergüenza ajena me da. Especialmente cuando ese tipo de actos acaba con una auto-ovación. ¡Tíos que os estáis aplaudiendo a vosotros mismos coño, que ya se nos ha olvidado que eso es una vergüenza! Y luego ¿Cómo se llega a poner la gente de acuerdo para hacer un carrying? ¿Cómo es ese debate? ¿Cómo se deciden las pancartas?
    Alteza, menos mal que sacas estos temas para nuestro desfogue…

    Besos sinceros

  • Guiss:

    Entonces ¿tú tampoco, Jubilado? ;) No, no, los jubilados que yo digo, con sus boinas y todo alguno de ellos, estaban de pie, como cuando miran las obras del plan E. Pero como seguramente ellos asistirían a la bonita escenificación desde el principio hasta el final, sacarían algo en claro, digo yo. El alcalde y las fuerzas vivas son otra cosa, a ellos se lo explicaría el grupo de teatro, ong o asociación que montó el acto, supongo.
    Un saludo.

    Buch, aquí con mal tiempo también las hay, porque el bueno lo consumimos entre mayo y mediados de septiembre y no daría tiempo a tanta manifestación cultural… Por aquí todos los viernes había una marcha ciclista dando por saco a los conductores que no sacamos el coche por gusto y que nos merecemos llegar a casa después de terminar nuestra semana de trabajo, y a veces hay marchas ciclistas en bolas. A mí lo de los nudistas me saca de quicio, porque si van desnudos, tienen que ir desnudos del todo, no vale ir sólo enseñando genitales pero con calzado deportivo. Si somos naturales, lo somos enteros, hombre.
    Lo de la autoovación es tremendo, tienes razón, pero es que en España ya no hay criterio para los aplausos (tampoco sé si lo ha habido alguna vez). Yo llevo muy mal cuando la gente aplaude en los funerales ¿aplaudir al muerto?? ¿no hay forma más apropiada de mostrar respeto y duelo? Aunque también fui a una boda de esas postconcilio en la que toda la ceremonia era como si hubiésemos ido al circo de los payasos de la tele y terminó en aplausos, fomentados por el enrollado sacerdote. Está la tercera en mi ranking de peores bodas, sigue en cabeza la boda en la que actuó el poeta de la mousse, que también fue abundante en aplausos.
    Los besos sinceros tienen mucho mérito, teniendo en cuenta que se dan con lo que miente. Así pues, besos meritorios.

  • Buch:

    Bodas, sí otro escándalo, yo estuve en una en la que para bendecir unas movidas del trabajo hacian que el novio mostrase manos en altos un diskette (Era informático, aparte de gilipollas) y la novia un chal o algo así (era modista, creo)
    Más besos, y más sinceros, si cabe

  • El maltrato tiene muchísimas caras, y el maltratro emocional llega a ser terrible

  • PrincesadelGuisante:

    Buch, lo de bendecir los nobles instrumentos laborales es… iba a poner que insuperable, pero acabo de pensarlo mejor y fijo que algún catalán en su “ceremonia civil” lo deja pequeñito :P

    celebrador, supongo que cualquier maltrato es terrible, sí, y si me apuras peor en el ámbito familiar, que es un entorno del que es más difícil salir y que además debería ser seguro. Un saludo.

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