Tiritas

Mis hermanos y yo, que desde el día 25 nos sentimos los seres más desdichados del universo (igual ellos sólo del mundo porque tienden menos al dramatismo que yo), tenemos en cambio innumerables motivos para sentirnos afortunados. Uno de ellos es que ninguno hemos tenido que llorar solo, y anoche, mientras inundaba los hombros de quien quiero durante los desbordamientos que llegan cuando no hay ya nadie ante quien mantener el tipo, pensaba en que las lágrimas tienen que ser mucho peores cuando no hay nadie que pueda recogerlas, y que siempre se tiene edad para ser acunado. Es verdad que hay acontecimientos en la vida para los que no hay remedio, pero el cariño de las personas que nos quieren y el ánimo de las que nos aprecian, aunque no remedia lo inevitable ni borra el dolor y la rabia, sí consuela. Como consuelan los correos, los mensajes y las llamadas de amigos (nos hayamos visto o no) que han pasado por un trance igual, y que en unos días que tenían que ser alegres para ellos han encontrado tiempo para hacer que me sienta acompañada y compadecida aunque les haya hecho recordar (más aún) sus propias pérdidas, o de los que tienen la suerte de no haberlo experimentado pero son capaces de imaginar lo que se siente.
También tenemos que sentirnos afortunados porque si mi madre hubiera podido elegir pienso que hubiese elegido esta forma de dejarnos, feliz, habiendo asistido a Misa la noche anterior, preparada para salir a dar una vuelta con los pequeños, antes de comer con toda su familia, y sin darse cuenta. Claro que no ahora, sino dentro de muchos años, y seguramente no en una fecha señalada, a ella le horrorizaba dar qué hacer o señalarse; aunque tal vez nunca es el tiempo oportuno. Y porque cuando todos sus amigos lo supieron, aunque nosotros avisamos sólo a los más cercanos, corrieron inmediatamente para arroparnos pese a ser el día de Navidad, y no han dejado de llamarnos, turnándose para no molestar, para ver cómo seguimos estando. Sus amigas, como ella, no ven en nosotros los adultos que somos, sino los hijos.
Pero sobre todo tenemos que sentirnos muy afortunados porque nuestra madre quiso serlo siempre, antes de tenernos y después, y vivió tan pendiente de nosotros que los tres se lo hemos reprochado muchas veces, que no fuese algo egoísta y pensase más en sí misma, y le hemos rogado que tuviese caprichos aunque a ella sólo se le antojaban cosas para nosotros, o para su suegra y su madre mientras vivieron las abuelas, o para sus hermanas, o para sus sobrinos, y sobre todo, para sus cuatro sobrino-nietos. Porque era genuinamente buena (sé que no lo parecerá, viendo la uva que gasto yo, pero es que yo soy de otra rama), tanto que lo ha tenido que oír como reproche muchas veces por nuestra parte, y por parte de sus amigas más íntimas, cuando veíamos que no había que rogar para que hiciera sincero borrón y cuenta nueva con algunas personas; porque era muy recta pero al mismo tiempo era tan simpática que no parecía mi madre; porque nunca nos hizo sentir una carga; porque era inteligente pero nunca sintió la necesidad de hacer alarde, todo lo contrario; porque disfrutaba y nos enseñó a disfrutar de las reuniones familiares, de tomar una cañita al salir de trabajar, o de un café en medio de las compras, o de una cena improvisada en el bar de la esquina si la cerveza se había alargado; porque se acordaba de todos los cumpleaños de su familia y conocidos, incluso de los nietos de sus amigos, y porque a ella le encantaba el suyo y jamás tuvo problema alguno con su edad, le gustaba cumplir años “porque eso es que seguimos aquí”. Por muchas cosas más que van y vienen de nuestras mentes en estos días en los que tendríamos que estar comprando y envolviendo sus regalos, que siempre eran sorpresas porque nunca conseguíamos que pidiese nada, y que siempre le encantaban porque era de esas personas convencidas de que lo importante es el acto de regalar y no el objeto que se reciba. Desde ahora, de nosotros sólo podrá recibir claveles rojos, que eran sus flores favoritas.

para mamá

Tendríamos que sentirnos afortunados, pero seguramente es demasiado pronto para que podamos hacerlo. Tal vez cuando se pase el enfado.

9 comentarios para “Tiritas”

  • jio:

    un beso muy abrazado.

  • mons.:

    Ay amiga mía…. porque se de lo que hablas no me fui el finde pasado a verte. Pero solo lo pospongo. Un enorme abrazo niña mia. A ti y a tu familia.

  • Buch:

    Claveles rojos y este pedazo de post, del que una madre se tiene que sentir tan orgullosa.
    UN beso enorme.
    Nos gustas.

  • The Foss:

    Está orgullosa de ti, de vosotros, lo tengo claro.

    Un fuerte beso.

    Coincido con Buch, nos gustas.

  • Goliardomad:

    Ya sabes que nunca tengo palabras para estas cosas, me impactó mucho cuando lo supe, lo que sí que puedo hacer es abrazarte todo lo fuerte que pueda y recordarte que aquí estoy para lo que quieras.
    Un besazo enorme para ti y tus hermanos

  • PrincesadelGuisante:

    Muchas gracias a todos, de verdad.

  • Hola princesa, no nos conocemos y es la primera vez que paso por tu blog, peror sé por desgracia cómo te sientes.Mi padre murió también de repente, una noche de octubre, hace ya 13 años.
    Compartimos también, la visión positiva ante una pérdida semejante pues dentro del dolor que aún te debe estar atenazando los dedos al escribir sobre ella, eres capaz de agradecer la suerte que has tenido de haber podido disfrutar de una madre así.
    Mi padre acababa de cumplir 54 años dos semanas antes de morir y no pudo llegar a conocer a mis hijos, pero ellos hablan de su abuelo aún sin haberle conocido porque sigue vivo en mí y formando parte de mi vida.
    Un beso enorme y mucho ánimo

  • Graphite:

    Hoy he buscado por casualidad a mi princesa del Guisante. a la que hacía tiempo que no leía ni sabía nada de ella… y me la encuentro así de triste y con razón.
    Te mando un abrazo muy fuerte y muchos ánimos.

    Graphite

  • PrincesadelGuisante:

    Crika, bienvenida. Es verdad que desde hace un mes justo hoy intento pensar más en la suerte que hemos tenido que en la rabia, pero lo consigo sólo a días, a ratos. Pero mi madre también nos enseñó que fuese cual fuese la situación, había que pintarse el ojo y salir a la calle, así que en eso estamos…
    Muchas gracias por los ánimos.

    Graphite, muchas gracias. Te mando unos besos para ti y un montón más para los Graphitos, que supongo que estarán mucho más grandes pero seguirán guapísimos.

Deja un comentario

Categorías
Repásame
Alojamiento
PlicaZaragózame