Tiempo de silencio

No sé si es porque tengo mala memoria en general, pero me parece que cuando yo estudiaba (para examinarme, quiero decir) no había tantas vacaciones de Semana Santa. O tal vez es que la sensación que prevalece es la más reciente, y cuatro días me saben a poco. En realidad no son ni han sido nunca en mi caso vacaciones de juerga (que también, en ocasiones, pero no sólo), sino de procesiones y de actos religiosos, aquí o en otros sitios. En mi ciudad, que es donde a mí me gusta estar en esta época, es un tiempo de silencio. Este año, para nosotros, tal vez un poco más. Y aunque el cartel que anunciaba la Semana Santa era éste, para mis hermanos y para mí la imagen de este año es ésta:

Virgen de las Angustias

Supongo que por devoción o por tradición a cada uno le conmueven las imágenes que ha visto desde siempre u otras del estilo, o tal vez yo soy muy frívola, porque viendo el otro día extractos de celebraciones de Semana Santa de distintos lugares no he podido evitar pensar, como cada año por estas fechas, que a mí me dejan fría las tallas de vestir, y me quita todo el recogimiento que soy capaz de conseguir ver los Cristos articulados, con sus brazos desmadejados cuando los mueven. Pero lo peor para mí, con lo que sufro realmente, es con los que tienen pelo, de ese que ondula con el viento. No sé si será natural o artificial, me espanta tanto pararme a pensarlo como acordarme de los exvotos que he visto de refilón en algunos lugares, pero es ver las pelucas y acordarme de Sara Montiel. Con lo cual, además de perder toda la concentración, me pongo irreverente.

Y sin embargo, algo más habrá, porque todas esas imágenes consiguen en otras gentes la misma impresión que tengo yo cuando veo “las nuestras”.

Cristo de la Luz. Gregorio Fernández.

7 comentarios para “Tiempo de silencio”

  • Supongo que con la Semana Santa pasa como con las croquetas, que a cada cual les parece que las de su casa (de su madre, vamos) son insuperables. Y eso sólo en los lugares donde la Semana Santa realmente CONFIGURA la vida de la ciudad en esos días. Una procesión (o tres) perdida por las avenidas de una ciudad enorme no me acaba de parecer que tenga mucho sentido.

    No puedo dejar de admirar vuestra Semana Santa, pero creo que no me emociona en absoluto. Veo la perfección artística, pero la siento fría y alejada de mí. En cambio, cuando por delante de mi balcón pasa la Virgen de la Palma (por ejemplo), casi rozando la barandilla el palio del paso, corrigiendo milímetro a milímetro la trayectoria a cada momento para ajustarse a la estrechez de la calle e ir esquivando las farolas de las fachadas, la mezcla del dorado de los bordados, el olor y el color de las flores, el mecido del paso, la música de las bandas, el incienso, el sonido del martillo del capataz avisando a los cargadores que se ponen en marcha, las voces amortiguadas de éstos que se oyen desde debajo del paso, el súbito silencio de la gente que parece que hasta deja de respirar hasta que el paso se aleja, todo ese conjunto me parece un espectáculo insuperable.

    Eso sí, estoy de acuerdo contigo en que no soporto los pelos artificiales. Pero aquí las Dolorosas no llevan pelo a la vista, y la mayoría de los Cristos lo tienen de talla.

  • Off topic: ¿Te acuerdas de un post que escribí sobre las instrucciones que enviaban a los colegios para darles la vuelta a los juegos tradicionales a fin de conseguir la “igualdad de género”? Contesté al comentario que hiciste advirtiéndote que tuvieras cuidado como protagonista de cuento de princesas que eras, pues lo próximo sería reescribir o prohibir los cuentos de princesas. Y, efectivamente, mi profecía se ha cumplido. Supongo que ya habrás leído lo de la Bibiana con la Cenicienta y Blancanieves. ¡Ay, princesa! Que te veo de exiliada forzosa, en un “campo de reeducación” o cambiándote el nombre.

  • PrincesadelGuisante:

    Sí, Kotinussa, justo a eso me refiero, a quienes nos gusta, nos suele gustar la nuestra. Aunque también hay muchísima gente a quien no le gusta nada la Semana Santa y le molesta la interrupción de la “vida normal” (ahora esencialmente el tráfico, porque no se da ninguna otra interrupción)
    Sé lo de la frialdad, que desde luego desde nuestro punto de vista no es tal, es sólo que el sonido de nuestra Semana Santa es el susurro de los hábitos del Santo Entierro, las carracas, los tambores, las cornetas, las dulzainas o las gaitas. Pero entiendo lo que dices porque hace unos años, pocos, a un iluminado en la procesión del Encuentro se le ocurrió la brillante idea de cantar una saeta ¡¡¡aquí!!! Yo tuve que hacer un esfuerzo para reprimir las ganas de lincharle, y por los abucheos que se extendieron por toda la plaza de Santa Cruz, no fui la única.
    De todas formas, y por horrendos que me parezcan a mí los pelos, e indiferente que me dejen las vírgenes con cara de niña en la Pasión, algo tendrán cuando conmueven tanto y a tantos.

    Sobre Bibiana… para mí que están todos los políticos en una competición secreta a ver cuántas cretineces aguantamos los ciudadanos sin rechistar, y cuántas aplaudimos. La princesa del guisante tiene los días contados, sí, porque si a mí, que no he pasado jamás de primero de progre, me parece una tiquismiquis, no quiero ni pensar el día que esta hija de la casa del pueblo llegue a leer el tercer cuento de su vida. Porque esa es otra, yo creo que Bibiana, Leire y otros por el estilo van lentos porque leen con dificultad. Esta circunstancia igual hará que dejen en paz la mitología griega, tan machista ella, y no alteren en nombre de la paridad los mitos que dejen en mal lugar a sus protagonistas femeninas (que, salvando a Alcmena, yo creo que son casi todos en un repaso mental rápido de los que conozco.)
    De todas formas, con los cuentos ya están haciendo una cosa que a mí me escandalizó cuando me enteré: los padres modernos los suavizan, más todavía de lo rebajados que estaban cuando a mí me los contaban. Así que en cuanto tengo ocasión les proporciono este párrafo que Javier Marías pone en boca del padre del protagonista de “Tu rostro mañana” en el segundo volumen, “Baile y sueño”:
    «[...]No sé yo ahora, hay esa tendencia a encerrar a los niños en una burbuja de felicidad entontecedora y sosiego falso, a no ponerlos en contacto ni siquiera con lo inquietante, y a evitar que conozcan el miedo y hasta sepan de su existencia, creo que circulan por ahí, que hay quienes les dan a leer o les leen versiones censuradas, amañadas o edulcoradas de los cuentos clásicos de Grimm y de Perrault y Andersen, desprovistas de lo tenebroso y cruel, de lo amenazador y siniestro, a lo mejor hasta de los disgustos y los engaños. Una estupidez descomunal desde mi punto de vista. Padres ñoños. Educadores irresponsables. Yo eso lo consideraría un delito, por desamparo y por omisión de ayuda. Porque a los niños los protege mucho percibir el miedo ajeno, y así concebirlo con serenidad, desde su seguridad de fondo; experimentarlo vicariamente, a través de otros, sobre todo por personajes de ficción interpuestos, como un contagio de corta duración, y además sólo prestado, y no tanto como fingido. Imaginarse algo es empezar a resistirlo, y eso es también aplicable a lo ya sucedido: uno resiste mejor las desgracias si después logra imaginarlas, después de haberlas sufrido. Y claro, el recurso más común de la gente para eso es relatarlas. [...]»
    Pero ni así he convencido a nadie, creo.

  • Graphite:

    En el tema de las procesiones, mejor no comento, porque nunca las he disfrutado ni hay tradición por aquí, aunque en el barrio de mi madre se empeñana a creer que una cosa que empezó con unos borrachos sacando una mesa de un bar para hacer un paso, se haya convertido en una tradición de procesiones de semana Santa por Hospitalet…

    Pero en el tema de los cuentos… reconozco que yo soy de las que les gusta que el lobo se coma a la abuelita y acabe decapitado de manos del leñador… Pero es que los cuentos de princesas (y lo siento guisantita mía) siempre me han dado repelús… Y eso de inculcar a las niñas que su máxima aspiración sea la de esperar que u príncipe maravilloso se case con ellas y las lleve a vivir a un placio… le servirá a Leti, pero a mi no me cuela nada de nada….

    Yo creo que prefiero a la Cenicienta que no quería comer perdices ;)

    Besosssssssssssssssss

  • The Foss:

    Sinceramente, y seguramente no soy el más indicado para hacer un comentario de tipo artístico, el Cristo del cartel parece más un jugador de futbol tras marcar el gol de la victoria que lo que debe representar.

    Estoy contigo, bueno estoy en la oficina físicamente no en tu casa ya…, en la preferencia de las imágenes.

    Y te dejo un beso. Oye.

  • Buch:

    A mi tampoco me gusta el pelo ese, Guiss. Y pasé un jueves santo en Sevilla y allí yo no me recogía ni a la de tres, mientras le gente de alrededor decía: “Esto se lleva dentro”, y cosas así. A mí me resultaba de lo más extraño.
    Pero, claro, esto tampoco significa mucho, que digamos.
    (Supongo que con este comentario opto al premio de comentario lamentable del año)
    Aun así toma ¡zas! un beso.

  • PrincesadelGuisante:

    Graphite, yo creo que lo de Leti supera todos los cuentos que ella ha leído, y va desempeñando todos los papeles que puede, la pobre, desde cenicienta a madrastra de Blancanieves.
    Yo puedo entender que uno no quiera contar cuentos de princesas pero ¿para qué retocar los que hay? Mejor contar el cuento de la hija del dirigente socialista que a base de estudio y trabajo llega a secretaria de Estado o Ministra, digo yo. Paritario y adaptado a los tiempos que corren ;)
    No sé si Cenicienta quería comer perdices, lo que sé seguro es que el comer perdices no dura eternamente.
    Millones de besos para ti y para los Graphitos ;)

    Foss, no he sido honrada en la comparación, he puesto el Cristo de la Luz que es casi unánimemente considerado la obra cumbre de Gregorio Fernández. Ahora, un Cristo resucitado es una figura triunfante, así que tampoco ha ido desencaminado el escultor :P De todas formas, no soy nada entusiasta de las tallas modernas que tenemos, en general, aunque pienso que con el tiempo se integrarán y se las mirará con menos prejuicios de los que yo tengo.
    Otro beso para ti.

    Buch, yo con los pelos tengo mucho problema, me estoy dando cuenta. No me gustan las pelucas, ni los Cristos con pelo, ni los señores con implantes modelo Nancy o gatos muertos, ni los que parecen ovejitas, ni las señoras que no practican la depilación preventiva, ni esa especie de mosca que se dejan ahora muchos debajo del labio, sobre la barbilla, ni los peinados algodón de azúcar de las señoras mayores, ni las rastas… y así podría seguir, me temo.
    Lo que sí me gustan son los besos por sorpresa, me ponen muy contenta y yo contenta soy encantadora :P
    Un besazo.

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