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Lunes, 21 de Noviembre de 2005

En una de sus m煤ltiples excursiones para relajarse lejos de la agobiante Hera, Zeus fij贸 su mirada en una hija del rey pelasgo Lica贸n. Calisto, que as铆 se llamaba ella, formaba parte del cortejo de 脕rtemis, y estaba obligada a permanecer virgen como la misma diosa, pues permanecer virgen eternamente era uno de los regalos (hay gente para todo, est谩 visto) que la hermana de Apolo le hab铆a pedido a su padre, Zeus.
Pero para detener una aventura galante del padre de los dioses hac铆a falta algo m谩s que una esposa acechante o una hija que aborreciese a los hombres (por ejemplo, advertirle de que el hijo que engendrase ser铆a m谩s poderoso que su padre; recordemos a Tetis), y finalmente logr贸 acercarse a Calisto, disfraz谩ndose una vez m谩s para sus correr铆as: en esta ocasi贸n tom贸 la apariencia de 脕rtemis. Los acercamientos de Zeus terminaban en ayuntamientos, y con una punter铆a digna de un dios a 茅sta tambi茅n la dej贸 pre帽ada, con lo cual no hab铆a mucha posibilidad de mantener en secreto la correr铆a. 脕rtemis seg煤n unos, Hera seg煤n otros, d谩ndose cuenta de que Calisto estaba encinta y que el responsable era Zeus, transform贸 a la ninfa en osa, y tras esa metamorfosis tuvo a 脕rcade.
Calisto y ÁrcadeLica贸n, el padre de Calisto, rapt贸 a 脕rcade, y para poner a prueba la paternidad de Zeus y el origen divino de su nieto, degoll贸 al ni帽o y se lo sirvi贸 al dios durante una cena; 茅ste, enfurecido al darse cuenta de qu茅 estaba hecho el guiso, resucit贸 al ni帽o y transform贸 a Lica贸n en lobo. 脕rcade fue alumno de Tript贸lemo, rey de Eleusis, que le ense帽贸 a sembrar trigo, hacer pan, tejer lana鈥 todas aquellas cosas que D茅meter le hab铆a transmitido en agradecimiento por haberla acogido sus padres cuando la diosa buscaba a Pers茅fone; reemplaz贸 a su abuelo Lica贸n al frente del pa铆s, instruy贸 a su pueblo y le dio su nombre, llam谩ndose a partir de entonces Arcadia.
Un d铆a 脕rcade vio como una osa se introduc铆a en el templo de Zeus Licio, donde ning煤n ser mortal ten铆a permiso para entrar, y para evitar la profanaci贸n lanz贸 una flecha y la mat贸, sin saber que era su madre. Para consolarlos, Zeus los coloc贸 en el cielo, de modo que Calisto se convirti贸 en la Osa Mayor, y 脕rcade en la Osa Menor. Hera, rencorosa, acudi贸 a Tetis y Oc茅ano para suplicar

Mas vosotros, si os mueve el desprecio de vuestra herida ahijada,
del abismo azul prohibid a los Siete Triones,
y esas estrellas, en el cielo en pago de un estupro recibidas,
rechazad, para que no se ba帽e en la superficie pura una rival.
Virgilio, Metamorfosis, J煤piter y Calisto.

De esa manera, evit贸 que descendiesen nunca por debajo de la l铆nea del horizonte, y por eso podemos verlas siempre en el cielo, guiando a los navegantes.
Los pastores de la Arcadia o \"Et in Arcadia Ego \" Nicolas Poussin
Aunque la Arcadia, situada en el Peloponeso, ten铆a un terreno pobre y un clima inestable que creaban unas condiciones de vida penosas para sus habitantes, con la elaboraci贸n del t贸pico cl谩sico del Locus amoenus, y su fijaci贸n por Virgilio, fue convertida en un lugar ideal, un para铆so perdido, la edad dorada que trata de recuperarse, la m铆tica Edad de Oro en la que el hombre no tiene que trabajar, pues todo se lo ofrece la naturaleza. Es a la vez un sitio (lleno de fuentecitas, vegetaci贸n abundante, ninfas apetecibles, dioses rijosos y pastores despreocupados) privilegiado

El de la Arcadia suya, aun as铆, es su m谩s precioso (de J煤piter)
cuidado, y sus fontanas y, las que todav铆a no osaban bajar,
sus corrientes restituye, da a la tierra gramas, frondas
a los 谩rboles, y ordena reto帽ar, lastimadas, a las espesuras.
Virgilio, Metamorfosis, J煤piter y Calisto

y un tiempo pasado: lejano, a帽orado, idealizado, perfeccionado a base de olvido. Un sitio propio o heredado.

Martes, 15 de Noviembre de 2005

Caravaggio, La cabeza de Medusa, posterior a 1590, óleo sobre lienzo montado sobre madera, UffiziEstoy convencida de que entre los cambios f铆sicos y mentales que se producen cuando alguien pare, uno de ellos tiene que ver con que lo que hayas parido te parezca precioso, tierno, y todas esas cosas que huelen a nenuco y talco. A veces es verdad que la revoluci贸n hormonal se extiende a medio pueblo (hubiera puesto naci贸n, pero luego la gente se pone a enredar como si estuvi茅semos en la descolonizaci贸n, y no es eso; sin embargo lo de pueblo puede dar a entender que estoy hablando de Villaconejos, y tampoco), pero no es m谩s que una cuesti贸n de repercusi贸n, porque a menor escala ocurre lo mismo en todas las familias del mundo (o del mundo que yo conozco). Supongo que si a m铆 me tocase un hijo pelirrojo, en el caso de que hubiera apareamiento previo con portador de esos genes, pues me terminar铆an gustando los pelirrojos, pongo por cosa improbable y como ejemplo de que a la fuerza ahorcan. En ocasiones, sin embargo, el padre tiene un momento de lucidez y verborrea y dice: 芦es como la madre, el pobre禄. Que elegante no ser铆a, pero ajustado a la realidad, un rato. Los dioses puede que fuesen distintos, as铆 que quiz谩 cuando Forcis y Ceto alumbraron a las Gorgonas tal vez no se pasasen el d铆a embelesados mir谩ndolas, ni preguntando al resto de dioses reunido para verlas si eran monas, que es la pregunta ideal porque puedes decir que s铆 tanto si la criatura es preciosa como si tira a simio. O puede que estuviesen acostumbrados a caras monstruosas, y a fin de cuentas 茅stas no ten铆an que compartir un ojo y un diente entre ellas, que tambi茅n ayuda a parecer m谩s presentable.

Ceto, por su parte, engendr贸 con Forcis, a las Grayas, de hermosas mejillas, canosas desde su nacimiento, a las que ancianas llaman los dioses inmortales y los hombres que por la tierra caminan; a Penfredo, de hermoso peplo; a En铆o, de azafranado manto, y a las Gorgonas, que habitan al otro lado del famoso Oc茅ano, en el l铆mite de la noche, donde las Hesp茅rides, de armoniosa voz, Esteno, Eur铆ala y la desventurada Medusa. 脡sta era mortal, pero las otras inmortales y exentas de vejez las dos [鈥
Hes铆odo, Teogon铆a.

Lo que no se puede negar es que Forcis y Ceto s铆 sab铆an escoger nombres sonoros para su descendencia. Parec铆an unos padres modernos.

Lunes, 12 de Septiembre de 2005

Siringe era una ninfa de la Arcadia, bella como imaginamos siempre a todas las ninfas (las de Umbral incluidas).
Cuando se cruz贸 en el camino del libidinoso dios Pan le fascin贸 de tal modo que enseguida se convirti贸 en objeto de su deseo. Bien, la verdad es que Pan ten铆a algo de predisposici贸n a dejarse llevar por la belleza de las ninfas que le rodeaban, porque era tan lascivo que destacaba por l煤brico entre los dioses griegos, y pocas cosas se me ocurren m谩s dif铆ciles que esa.
Pan persigui贸 a Siringe sin tregua mientras ella hu铆a hasta que la pobre se vio detenida ante el r铆o Lad贸n, sin atreverse a cruzar su cauce.

Desesperada y vi茅ndose cercada por Pan, implor贸 a los dioses que acudiesen en su ayuda y estos, atendiendo a su plegaria con el sentido del humor que derrochan cuando conceden lo que se les pide (recordemos a Dafne), la transformaron en una ca帽a.
Pan no se dio por vencido con la metamorfosis, enseguida cort贸 las ca帽as en tubos de distintas longitudes, los reuni贸 y soplando a trav茅s de ellos hizo entonar a Siringe las m谩s hermosas melod铆as, contenta cuando los labios de Pan la rozaban y muda si el dios no la besaba.
Desde entonces Siringe es tambi茅n la flauta de Pan.

Viernes, 24 de Junio de 2005

Hac铆a mucho, fuera del tiempo y quiz谩 tambi茅n del espacio, cuando todo era nada, en medio de la bruma que disfrazaba el falso vac铆o, hab铆an escuchado la voz cont谩ndoles su historia, entremezclados. Pero no lo sab铆an y no pod铆an recordarlo.
Los dos pertenec铆an al fuego, que los reclamaba, pero la luna, antes de dejarlos marchar, se asegur贸 de que al mirarse ambos siempre la recordasen: a ella le dio una piel p谩lida para que 茅l la viese eternamente reflejada, no s贸lo al mirar a sus ojos, tambi茅n al acariciarla; a 茅l le bes贸 con avaricia y donde se detuvo m谩s tiempo surgi贸 el lunar sobre el que ella se deslizar铆a eternamente hechizada.
Desde siempre, si alguien hubiera sabido todo, habr铆a sabido tambi茅n que se reconocer铆an en el mismo instante en que supiesen que exist铆an, y que se encontrar铆an, aunque no se buscasen, en una noche m谩gica de hogueras alumbrando la luna.
Para siempre, aprendieron a vivir entre la avidez y la urgencia que s贸lo pensarse les provocaba, y a recoger cada uno los besos que el otro entregaba al aire cuando estaban separados.

Viernes, 10 de Junio de 2005

Existen mitos preciosos, y existen mitos que relatan los hechos m谩s incomprensibles para la mente humana. El de Medea puede ser uno de los m谩s estremecedores.

Cuando Jas贸n lleg贸 a la C贸lquide para buscar el vellocino de oro, Hera, que odiaba a Pelias el usurpador del trono de Yolco, rog贸 a Afrodita que ayudase al h茅roe en su empresa. La diosa del amor orden贸 a Eros que lanzase una flecha a Medea, la hija del rey Eetes, nieta por tanto de Helio, y de la oce谩nide Id铆a. A cambio de una promesa de matrimonio, Medea protegi贸 a Jas贸n durante las pruebas-trampa que Eetes le plante贸, y durmi贸 al drag贸n que cuidaba del vellocino cuando, al no cumplir el rey su palabra de entreg谩rselo si las superaba, decidieron robarlo.
Durante la hu铆da, y para lograr escapar de la nave de Eetes que amenazaba con darles alcance, Medea descuartiz贸 a su hermano Apsirto, y fue arrojando sus restos en la estela de la nave; mientras el rey los iba rescatando, el Argo logr贸 alejarse. Tras diversas peripecias lograron llegar a Yolco y Medea enga帽贸 a las hijas de Pelias para que, creyendo rejuvenecerle, matasen a su padre. Jas贸n y Medea tuvieron que huir a Corinto entonces, y all铆 se establecieron, bajo la protecci贸n del rey Creonte. Tuvieron numerosos hijos: Medeo, M茅rmer, Feres, T茅salo, Alc铆menes y Tisandro.
Llevaban ya un tiempo viviendo en Corinto cuando Creonte ofreci贸 a Jas贸n un matrimonio ventajoso, con su propia hija, pues Medea no era sino una extranjera.

Pero ahora desuni贸n es todo y sufrimiento
de aquellos a los que amo, pues Jas贸n a sus hijos
y a mi due帽a abandona por una boda real
con la hija de Creonte, tirano de esta tierra;
y la infeliz Medea, de tal modo ultrajada,
gritando el juramento recuerda y el contacto
de manos, prenda m谩xima, y a los dioses invoca
para que el trato vean que de Jas贸n recibe.

Medea intent贸 que la uni贸n no se llevase a cabo, suplic贸 y amenaz贸 alternativamente a Jas贸n y a Creonte, y al no aceptar el nuevo matrimonio de su esposo fue condenada al destierro, junto a sus hijos. Entonces Medea concibi贸 y llev贸 a cabo una venganza terrible contra quienes le hab铆an puesto en esa situaci贸n:

Me equivoqu茅 en los tiempos en que dej茅 la casa
paterna persuadida por palabras de un Griego
que me las pagar谩 si los dioses me ayudan.
Porque ni ver谩 nunca m谩s vivos a mis hijos
ni podr谩 procrear a otros con la muchacha
reci茅n casada, a quien forzoso sucumbir
ser谩 de mala muerte por obra de mis drogas.
Y que nadie me crea tonta, indolente o d茅bil,
sino, por el contrario, para mis enemigos
tan dura como amable para aquellos que me aman.
Y no hay gloria mayor que la del que es as铆.

Fingi贸 haber recapacitado y aceptar la uni贸n de Cre煤sa y Jas贸n, rogando a su marido que aceptase quedarse con los ni帽os en Corinto mientras ella part铆a desterrada; como muestra de buena voluntad y arrepentimiento envi贸 a sus hijos con unos presentes para la novia: una corona y un peplo que Helio hab铆a donado a sus descendientes.
Cuando la novia recibi贸 los regalos, se los puso inmediatamente, y apenas hubo ajustado la corona a su cabeza, empez贸 a consumirla el veneno con que Medea hab铆a impregnado todo y muri贸 en medio de espantosos dolores. Creonte, viendo as铆 a su hija, se abraz贸 a sus restos y sufri贸 la misma muerte horrible.
Muerta su rival, y antes de huir rumbo al exilio, culmin贸 su venganza contra Jas贸n matando a sus hijos con sus manos y desapareci贸 en el aire en el carro de su abuelo, Helio.
Medea no pareci贸 lamentar nunca el horrible crimen que hab铆a cometido, se volvi贸 a casar, volvi贸 a tener otro hijo, tuvo que huir de nuevo de la tierra que la hab铆a acogido tras el parricidio y nada se sabe de su muerte.

Los fragmentos citados pertenecen a la Medea de Eur铆pides (484-406 a.C.). El mito fue tratado tambi茅n, entre otros, por S茅neca, cuya traducci贸n al espa帽ol realiz贸 Unamuno a petici贸n de Margarita Xirg煤 para inaugurar el festival de teatro cl谩sico de M茅rida.

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