Archivo de la categoría ‘Grité una noche’

Despropósitos

Desde hace un tiempo yo tengo la sensación de que la política española es un despropósito, aunque tal vez sea que el entenderla está sólo al alcance de superdotados tipo José Blanco o Leire Pajín y su parentela. O del más superdotado de todos, José Luis Rodríguez. Confieso que cada vez me produce un hastío mayor siquiera escuchar con mínima atención cualquier acto u omisión de estos sujetos y de quienes son su oposición, y si yo fuese Noé con apenas un par daba el arca por cerrada. Pero tengo propósito de enmienda, y como llevo las orejas puestas, de la heróica y coherente actuación del gobierno en lo del secuestro del atunero sí me he enterado. Así, más o menos sé que nuestro ejército de paz ha puesto todos los medios a su alcance para que sus disparos disuasorios cuando los piratas se iban no costasen vidas (humanas, de los peces no consta que todos los que pudiera haber por aquella zona de océano hayan salido ilesos tanto física como emocionalmente, porque aunque no te roce, que te disparen al lado tiene que estresar) e incluso ha evitado un secuestro diez minutos después de la gloriosa liberación, porque las comunicaciones entre los grupos de piratas carecen de la fluidez que les daría tener un Rubalcaba al mando, y no sabían que ahora se van a portar bien con los barcos españoles y no van a secuestrarlos. Creo que incluso han dado su palabra.
Sé también que la alegría que nos desborda hace que se descarte plantear cuestiones como el pabellón que de forma habitual llevan los barcos vascos, las actuaciones de los armadores, o las condiciones laborales de los tripulantes. Por favor, que nada nos desvíe de la gloria que con sus voces campanudas nos han proporcionado José Luis y Carma. Ellos, conteniendo el júbilo, pronunciando despacito como dicta el libro de estilo del gobiernodespaña, han comunicado la buena nueva y sus detalles asistiendo complacidos al regocijo compartido por todos los ciudadanos de buena voluntad. Si además hubieran tenido un poquito de perspicacia y algo de paciencia, podían haber completado el gozo relatando las bodas de los piratas triunfantes en su aldea (el sector burgués de los piratas) y las orgías (el sector intelectual) con que han celebrado el regreso, para tranquilidad de todos aquellos que están preocupados por estas pobres gentes a las que nuestro capitalismo salvaje no les deja otra salida.
Sólo una pega: para terminar pagando enérgicamente (como describió y predijo mi hermano pequeño) ¿no podían haberlo hecho más rápido?

Tu voz y el humo juntos por el viento

Algunas personas se convierten en el retrato oculto en el desván de sí mismas y pasean por el mundo así transmutadas. Nosotros, los simples, saboreamos sin pudor, inconscientes o no, el tormento ajeno y los frutos de una oscuridad que, afortunadamente porque sólo estamos preparados para los cuentos de hadas, desconocemos.
Yo sólo quiero recordar la voz, las letras y los ojos huidizos bajo el flequillo de sus veintitantos en mi adolescencia.
Y que ahora tú, no dejes de hablar

Los cuadros no tienen colores

En todo el tiempo que llevo con el blog público, muchos de los enlaces han ido desapareciendo porque los autores de esos blogs han dejado de tener ganas, o tiempo, o ambas cosas, para mantenerlos abiertos, y lo han anunciado con mayor o menor dramatismo. Esto, aunque a veces apena porque dejas de leer a gente que te gusta, entra dentro de la lógica de la vida. Lo que jamás me había pasado era saber que uno de los blogs enlazados ya no va a actualizarse nunca porque su autora ha fallecido. Y eso no está entre las cosas que una puede llegar a imaginar, porque no tenemos edad, porque aún no nos toca a nosotros, porque la muerte no tiene que llegarnos todavía a nosotros. Ni lo podía imaginar antes, ni lo puedo entender ahora, que han pasado unos días y sé que ha sucedido.
A algunos de vosotros os he ido conociendo aquí, pero antes del blog ya conocía a algunos de los autores de los blogs enlazados, he compartido con ellos muchas horas de charla, y casi siempre de risas; después, los trabajos o los pañales (todo marrón) nos han ido quitando tiempo, pero, al menos en mi caso, no cariño. De antes conocía a Mons, a Binche, a Big, a Esther y a Maribel. Y, desde luego, a la Bruja del Norte, que siempre continuaba con las canciones que proponía Voyeur en aquellas mañanas llenas de risas, que a veces desaparecía cuando le caía un marrón en el trabajo, que era valiente en un sitio donde los que son valientes lo son hasta la temeridad pero no abundan, y en la que siempre que veo unas manos bonitas y cuidadas, pienso. Quiero recordarla como era ella, clara, apasionada, irónica, alegre y de buen humor, y seguro que cuando pase un poco de tiempo lo consigo. Seguro que lo van a lograr también, con mayor motivo y cuando pase más tiempo, Color, sus padres y su hermana. Aunque de momento las rosas no parezcan flores.
para Makats

Venciendo la apatía

A veces nos escudamos en la falta de tiempo para disculpar la desgana, la pereza (sí, éste también me adorna, yo creo que en general tengo cuatro de siete). Creo que era Santo Tomás el que decía que al pecado de pereza se le vencía con la virtud de la diligencia, pero me parece a mí que con la saturación de despropósitos también. O sea, que te van pinchando, te van pinchando, y al final saltas, si no es con el docto Pepiño en plan agente editorial del malnacido, es con Rodríguez haciendo una demostración de que el talante en él es tan de boquilla como en el que más, o que se le ha gastado todo con los terroristas que provocan accidentes, que también puede ser, o con las mil cosas que vienen pasando desde que el PSOE ganó las elecciones en 2004 sin hacer ningún uso electoral del terrorismo (faltaría más) pero que no deben de ser tan graves porque los que antes se despertaban con el quejío en la boca (y en el blog, y en los foros, y en… ) están ahora tan calladitos y felices que una no puede por menos que pensar que han sido agraciados con una subvención o con un puestecillo de funcionario, como mínimo.
En fin, que dispuesta como estoy a vencer a la pereza, hoy me he despertado (sin dar un salto mortal, yo hago un salto sencillito cuando suena el maldito despertador) y me he vestido (no soy una cochina, acabo de hacer una elipsis temporal, lo que va entre levantarme y vestirme os lo imagináis, que es lo que suele hacer todo el mundo) con ropa y calzado cómodos, dispuesta a concentrarme por tercera vez en mi vida esta tarde, cuando termine de trabajar. Porque si no es cuando ponen en la calle por una decisión política a un sujeto que más que en huelga de hambre estaba en dieta del cucurucho ¿cuándo hay motivo, eh?
no al terrorismo

O todos moros…

Dios en caricaturaEvidentemente, el dicho data de cuando no distinguíamos en España entre moros, islámicos, saharianos, subsaharianos, árabes, etc. Con la historia de lo políticamente correcto las frases hechas tienen que ser mucho más elaboradas, así que aún no ha dado tiempo a que se popularice una lo suficientemente correcta como para expresar lo mismo y yo no estoy por la labor, ni podría aunque lo estuviese, porque el papel de fumar lo toco sólo cuando fumo un cigarrillo.
A mí, que por mi educación católica me ofenden ciertas cosas, jamás se me ha ocurrido quemar nada, ni una bandera ni la horrible cara de alguno (que quizá con la atenuante de embriaguez hubiera ardido bien), por hacer mofa de símbolos que yo respeto. Pero, además, aunque a mí o a otros como yo se nos hubiera ocurrido, los tribunales actuarían contra nosotros. Y estoy por poner la mano en el fuego, que es una cosa tradicional en asuntos de fe y religión, a que el Presidente del Gobierno de mi país no consideraría necesario escribir una cartita explicando (aunque condenando claro) desde la equidistancia que al haberme sentido ofendida cometiera actos de pillaje, asesinato, o terrorismo, porque mi sensibilidad no es un bien que haya que proteger al no pertenecer a ningún grupo étnico o religioso digno. Tampoco he visto nunca que ningún lector de «El Jueves» (revista que no va a ganar la medalla al valor, no) pensase que podía haber gente ofendida con ciertas viñetas y series (en flash) publicadas y que comprendiesen que quizá no todo el mundo está imbuido de la tolerancia y respeto a las ideas ajenas que suponemos.
En lo que a mí respecta, con el art. 525 del Código Penal voy servida, y particularmente creo que servida en exceso, opinión que hasta ahora parecía generalizada, pero me doy cuenta de que es sólo cuando se trata de «nosotros», los de la Inquisición (sí, ya renuncio a insistir en cómo era la justicia civil entonces, ni a contar que en otros países también la hubo ¿o nadie recuerda el origen de los puritanos? o que nació en Francia; es lo que tienen las leyendas negras, se imponen a la Historia, no hay quien las limpie ni con lejía, y el único contraataque del Imperio lo hicieron «Los Nikis» aclaración para los del papel de fumar: no defiendo ahora la Inquisición ni niego su existencia ni quiero reconquistar los Países Bajos amedrentándoles con fotos de la Duquesa de Alba ni nada de eso).
O sea, que de todo este berenjenal entiendo que la libertad de expresión es sagrada y que no es que esté limitada por las leyes, cosa que hasta ahora pensaba, sino que el límite lo pone que alguien se moleste y el grupo al que pertenezca el que se sienta ofendido: cuanta más fuerza y armas (stricto sensu) tenga, más respeto obtiene. Así, desde el Secretario General de la ONU al Presidente de Francia amonestarán como padrecitos buenos a los díscolos caricatos. Pero mientras, muere gente a manos de los que dicen actuar en defensa de un Dios misericordioso o de su profeta, aunque muchos de ellos, habitantes de paraísos de libertades, jamás han visto las caricaturas.
libertad de expresión

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