Pares llevo
Entre las muchas incapacidades que tengo se encuentra la de no hallar parecidos donde todo el mundo lo hace, asà que cuando veo un niño pequeño agoto enseguida los temas de conversación en los que yo puedo intervenir con un mÃnimo conocimiento de causa después de haber dicho «qué guapo» o «qué tierno» según haya salido de lograda la criatura, y luego asisto pasivamente al reparto de órganos que realizan gentes más hábiles que yo: «tiene los ojos de su padre», «tiene la nariz de su madre» (que en realidad los niños tienen todos pegotitos, los que tenemos narices somos los adultos, ni la persona más chata que exista en el mundo ha nacido con su nariz de adulto), «el pelo es de su abuelo» y todas esas cosas que se dicen con el bebé recién llegado al mundo.
En cambio, y seguramente para compensar, veo «parecidos» entre adultos o entre niños y adultos que nada tienen que ver entre sÃ. Por eso, y por descabellado que sea, yo me refiero a este anuncio como «el de Javier MarÃas de pequeño», porque para mà el niño protagonista se parece más al escritor que el propio escritor cuando era niño. También por eso hoy, que es el supermartes que tanto nos importa a los españoles según los medios de comunicación, me resulta más simpático Obama que Hillary, a la que veo una peligrosa tendencia a evolucionar igual que MarÃa Teresa Campos.

Por lo menos en lo fÃsico. Como yo no sigo la polÃtica estadounidense, no sé si su inteligencia, apertura de mente, genuino progresismo, valÃa profesional y todas esas cosas serán iguales en una y otra, ni me interesa, francamente, porque demócrata, más demócrata o republicano, lo único seguro es que al final el que gane lo que va a ser en primer lugar, por encima de todas las cosas y sobre cualquier otra consideración, es presidente de los Estados Unidos.
El que también debe de tener una aptitud igual que la mÃa para la cosa de los parecidos es Monsieur Sarkozy, que se ha casado con el borrador de Cecilia, veinte años después. Aunque quizá a él, que tiene más elementos de juicio, no le resulten tan similares como a mÃ. Al que desde luego no le resultan tan iguales es a nuestro presidente RodrÃguez, que al ser preguntado al inicio del idilio sobre qué opinaba del asunto, haciendo gala de esa campechanÃa llena de talante y de esa hidalguÃa española, en lugar de soslayar cobardemente la cuestión invocando banalidades como la libertad del francés y a su intimidad, vino a decir algo como que salÃa ganando porque la nueva es más guapa. Lo único que me decepciona un poco es que yo le hacÃa más espiritual estando casado con Sonsoles, que siempre me recuerda un cuento de mi infancia.


DecÃa que lo de menos es la entonación, y tan de menos es que puedo afirmar sin ningún género de dudas y sin asomo de autoindulgencia que ya han pasado unos cuantos por el escenario que cantan muchÃsimo peor que yo, y eso es decir muy mal, horrorosamente mal, y se mueven con mucha menos gracia, aunque dan más risa. La falta de pudor que demuestran algunos concursantes al dejar que los espectadores constaten su falta de oÃdo es mucha, pero si se compara con la falta de pudor con la que más de la mitad exhibe sus michelines, se queda en apenas nada, porque, antes que leyendo ningún 
Especial mención merece una señora bajita que, cual Hamilton, logró pasar por (no entre, no, literalmente por) cinco filas de humanos en el tiempo récord de tres segundos gracias a la silla vacÃa que fue estampando contra todos los tobillos que no se apartaron a tiempo (mayormente porque los dueños de los tobillos estaban de espaldas a la homicida hormonada); iba la minimadre seguida por un minipadre apocado con criatura de ojos abiertos a duras penas en brazos, y una vez llegó la troupe a la verja que protegÃa al Nacimiento (mÃnimamente, la verja es bajita hasta para la pareja de minipadres), colocó estratégicamente la silla delante de ellos, protegiéndose y protegiéndoles de las hordas de humanos cojos que habÃa dejado a su espalda. Afortunadamente no estábamos a bajo cero, y los golpes no degeneraron en fracturas como podrÃa haber sucedido en caso de chocar el arma contra tibias congeladas; supongo que los obstáculos humanos terminarÃan sólo con algún cardenal, pero como la mayor parte de ellos iba también con criatura adosada, podrÃa pagar con la misma moneda a la señora. Yo, que iba desarmada, sin mucho tacón y en franca minorÃa, opté por una retirada a tiempo. Pero estoy dándole vueltas al asunto y cada vez veo más ventajas a lo de tener niños, ahora que tenerlos no supone renunciar a nada, ni a trasnochar, ni a ir a bares o restaurantes llenos de humo, te dan una propinilla y, sobre todo, porque si saco de paseo una silla sin tener uno para meter dentro me van a terminar internando en colaboración con algún psiquiatra.
Pensando en lo que nos repetimos, acabo de caer en la cuenta (sÃ, uno de mis encantos es lo que tardo en caerme de algunos guindos, con lo despierta que soy para otras cosas) de que, llegada una edad, todas las palabras de amor que escuchamos han sido dichas antes por la misma boca solo que para otros oÃdos. Llevo un rato dando vueltas al asunto y me parece tan inaceptable dedicar siempre las mismas frases de amor en las distintas relaciones como escoger siempre la misma canción como «nuestra canción» con parejas diferentes, aunque reconozco que este grado de perversión ni lo he conocido ni lo concibo, supongo que es de esas cosas que sólo se le podrÃa ocurrir hacer a alguien con tendencia a ser asesino en serie o similar.






